El factor territorial: la liga sub 50 que quiere disputar el poder en la Provincia
Mariana Portilla
Un grupo de intendentes bonaerenses comenzó a articular una estrategia común que ya no se limita a la foto o al gesto: busca incidir en la discusión de fondo del peronismo y, sobre todo, en la definición del próximo candidato a gobernador.
En ese entramado aparecen nombres como Federico Achával, Federico Otermín, Nicolás Mantegazza y Gastón Granados, quienes fueron los primeros en darle volumen a esta construcción. A ellos se sumaron dirigentes con peso territorial como Marisa Fassi y Gustavo Menéndez, ampliando un esquema que combina renovación generacional con experiencia de gestión.
El denominador común del grupo no es solo etario. Es, sobre todo, el peso territorial. Intendentes que gobiernan distritos densamente poblados, con estructuras propias y capacidad de movilización. En un contexto donde la política nacional atraviesa una crisis de representación, el control del territorio vuelve a ser una carta fuerte.
Ya en marzo, ese grupo de alcaldes habían encabezado un encuentro con dirigentes de Santa Fe en el que empezaron a delinear una hoja de ruta común. Allí dejaron una definición que hoy vuelve a cobrar volumen político: “La Argentina que viene necesita nutrirse de pluralidad de miradas y de experiencias de gestión”.
En ese cónclave, coincidieron en un diagnóstico que hoy atraviesa al peronismo bonaerense: los municipios funcionan como la “primera trinchera de resistencia” frente al ajuste y, al mismo tiempo, como base para reconstruir una alternativa política. También plantearon la necesidad de modernizar las estructuras partidarias, con una renovación que no quede en lo discursivo sino que se apoye en políticas concretas y cercanas.
En esa línea, Andrés “Cuervo” Larroque introdujo una mirada que ordena el debate pero también lo complejiza: “Es muy pronto para hablar de diseños electorales porque en términos económicos y sociales la situación es de tal gravedad que es muy difícil, a veces, adentrarse en esas cuestiones”.
El ministro, sin embargo, reconoce la densidad política de los intendentes: “Por supuesto que tienen una experiencia muy vasta. También hay una realidad: la historia reciente de la provincia nos dice que, en general, no han sido intendentes los que han logrado llegar a la gobernación”.

El movimiento de los intendentes no ocurre en el vacío. Se da en medio de una interna latente dentro del peronismo, donde conviven el kirchnerismo, el espacio de Kicillof y otros sectores con aspiraciones propias. En ese escenario, la estrategia dominante parece ser evitar la confrontación directa.
El acuerdo tácito es claro: todos pueden posicionarse, pero sin dinamitar puentes. La lógica es acumular volumen político sin forzar una ruptura anticipada.
En paralelo, se multiplican los gestos cruzados. Mientras dirigentes como Marisa Fassi reciben en Cañuela a Máximo Kirchner y Mayra Mendoza, otros, como Achával, participan en espacios como el Peronismo Federal. En paralelo, Otermín, intensifica sus recorridas por el interior y construye vínculos con sectores productivos, mientras sostiene un discurso alineado con la gestión provincial. La dinámica no es de alineamientos rígidos, sino de vínculos flexibles que permitan negociar en el momento decisivo.
Candidaturas, nombres y la búsqueda de síntesis
La lista de posibles candidatos es extensa y heterogénea. A los intendentes se suman figuras como Julio Alak, Gabriel Katopodis y Jorge Ferraresi, además de nombres con respaldo interno como Mayra Mendoza o la incógnita siempre latente de Sergio Massa.
Larroque volvió a poner el foco en la necesidad de ordenar antes de definir: “Más allá de los nombres, lo que nosotros tenemos que buscar es el ordenamiento de una fuerza política que hoy tiene matices y diferencias”.
Y agregó una advertencia con tono político: “La sociedad nos reclama con urgencia que podamos deponer cualquier tipo de egoísmo para resolver una solución conjunta”.

Reelecciones, crisis y urgencias
El contexto institucional agrega presión. Más de 80 intendentes no podrán ser reelectos si no se modifica la ley vigente. Esa limitación acelera los movimientos, obliga a construir alternativas y empuja a muchos a proyectarse más allá de sus distritos.
La ley 14.836 fue sancionada en 2016 y fijó el límite de dos mandatos consecutivos para cargos ejecutivos municipales. En 2021, una modificación habilitó interpretaciones que permitieron a varios intendentes volver a competir en 2023. Ese “paréntesis” se cerró, y ahora el límite vuelve a ser rígido: quienes asumieron en 2019 y fueron reelectos en 2023 no podrán presentarse en 2027.
El dato explica la tensión política. No se trata solo de nombres propios, sino de control territorial, armado electoral y proyección de poder. Para el oficialismo provincial, y en particular para el espacio que lidera Axel Kicillof, la continuidad de los intendentes es una pieza clave para sostener músculo político en una provincia que concentra casi el 40% del padrón nacional.
A esto se suma una crisis económica que golpea de lleno a los municipios, con caída de recursos y aumento de la demanda social. La política, en este caso, no se mueve en abstracto: está atravesada por la urgencia de gestión.

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