El dato que alarma al Gobierno: crece el rechazo a Adorni entre votantes de La Libertad Avanza
Juan Manuel Villarreal


La imagen pública de Manuel Adorni atraviesa su momento más delicado desde su llegada al Gobierno. Según un relevamiento consolidado de distintas consultoras nacionales, el jefe de Gabinete promedia apenas 19% de valoración positiva y enfrenta un dato especialmente sensible para la Casa Rosada: el rechazo a su continuidad también aparece entre votantes de La Libertad Avanza.
El deterioro se produjo en medio de los cuestionamientos por su situación patrimonial, la compra en efectivo de propiedades inmobiliarias y el uso del avión presidencial para un viaje privado a Nueva York. Esos episodios golpearon el perfil público de uno de los funcionarios de mayor exposición del Gobierno y abrieron una discusión interna sobre el costo político de sostenerlo en el cargo.
El resultado consolidado muestra un escenario adverso: Adorni registra un promedio de 19% de imagen positiva, con un pico de 25% y un piso de 13%. El dato lo ubica entre los funcionarios con mayor nivel de rechazo dentro del oficialismo y complica la estrategia del presidente Javier Milei, que hasta ahora decidió sostenerlo públicamente.
Una caída acelerada en las encuestas
El retroceso de Adorni no aparece como un movimiento aislado, sino como una tendencia marcada por la velocidad del deterioro. Según el análisis histórico de Trends, a comienzos de año el jefe de Gabinete mantenía un saldo neto favorable, con 45% de adhesión frente a 43% de rechazo.
Ese escenario se modificó de manera drástica en el último mes. La imagen negativa trepó al 71%, mientras que el respaldo positivo se redujo a casi la mitad. Con esos parámetros, Adorni quedó ubicado en el fondo de la tabla de funcionarios del Gobierno nacional.

El contraste resulta significativo porque el funcionario había construido buena parte de su capital político sobre su exposición pública. Su rol como vocero presidencial y luego su ascenso a la Jefatura de Gabinete lo colocaron como una de las caras más visibles de la administración libertaria.
Sin embargo, esa centralidad también amplificó el impacto de las controversias. La discusión por su patrimonio, sus explicaciones públicas y las derivaciones políticas del caso dañaron una figura que hasta hace pocos meses funcionaba como un activo comunicacional del oficialismo.
El malestar dentro del voto libertario
El punto más complejo para el Gobierno es que el desgaste de Adorni no se limita al electorado opositor. Según los sondeos difundidos, una parte mayoritaria de los votantes libertarios también considera que el jefe de Gabinete debería dejar su cargo.
Ese dato enciende alarmas dentro de La Libertad Avanza porque afecta una zona clave para la estabilidad política del oficialismo: su propia base electoral. Cuando el rechazo a un funcionario atraviesa el núcleo de apoyo del Gobierno, el problema deja de ser solo reputacional y pasa a tener una dimensión política más profunda.
La situación también impacta sobre el discurso oficial. Adorni fue durante mucho tiempo una de las voces encargadas de defender la narrativa anticasta y explicar las decisiones del Ejecutivo. Ahora, los cuestionamientos sobre su situación patrimonial ponen al Gobierno en una posición defensiva y obligan a responder sobre un tema que tensiona uno de sus principales ejes de legitimidad pública.
En la comparación interna, el promedio de imagen positiva de Adorni queda incluso en niveles cercanos a los de Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, quien aparece con un promedio de 18% de aceptación. La diferencia es que, en el caso del jefe de Gabinete, el deterioro se produjo de manera más abrupta.
La presión sobre la Casa Rosada
El presidente Javier Milei sostuvo hasta ahora a Adorni, pero las encuestas agregan presión sobre la Casa Rosada. El Gobierno debe decidir si mantiene el respaldo político al funcionario o si busca evitar que el caso siga erosionando su imagen general.
La oposición, en paralelo, profundizó los cuestionamientos y volvió a poner el foco en las explicaciones patrimoniales del jefe de Gabinete. También crecieron los pedidos para que brinde respuestas institucionales, en un clima de mayor tensión política dentro y fuera del Congreso.
La continuidad de Adorni no depende únicamente de las encuestas, pero los números muestran que su margen de maniobra se achicó. El dato más incómodo para el oficialismo no es solo su baja imagen positiva, sino la señal de que el rechazo a su figura ya perfora el electorado propio.
Para el Gobierno, el desafío será contener el costo político sin profundizar la crisis. Para Adorni, en cambio, el problema es más inmediato: recuperar credibilidad en medio de una caída que las encuestas ya muestran como una tendencia consolidada.

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