La UCR pone su futuro sobre la mesa: ¿Acuerdo o pulseada final?
La UCR bonaerense formalizó un paso clave en su interna. El presidente de la Convención de Contingencia, Pablo Domenichini, convocó a una sesión extraordinaria para el 6 de marzo en la sede partidaria de La Plata, con modalidad híbrida.
La decisión quedó plasmada en la Resolución N.º 1/2026 y busca ordenar el funcionamiento institucional del partido en medio del proceso de normalización que atraviesa tras la interna judicializada de 2024. Con este movimiento, el radicalismo abre una instancia decisiva para definir reglas, autoridades y el rumbo político de cara a la renovación partidaria.
La convocatoria de Domenichini no es un trámite administrativo. En el orden del día figura el tratamiento de la renuncia del apoderado partidario Federico Carozzi —efectiva desde el 28 de febrero—, un paso sensible porque impacta directamente en la representación legal del partido ante la Justicia electoral.
Además, la Convención deberá designar a los miembros de la Junta Electoral Partidaria, órgano central para organizar y fiscalizar los comicios internos. En un radicalismo que viene de procesos impugnados y judicializados, garantizar reglas claras no es un detalle menor: es una condición de supervivencia política.
La resolución también dispone la notificación al Juzgado Federal con competencia electoral en la provincia de Buenos Aires, en un gesto que busca blindar institucionalmente cada movimiento y evitar nuevos cortocircuitos judiciales.
La presión por adelantar la elección
En paralelo, distintos sectores presentaron una nota invocando el artículo 74 de la Carta Orgánica para exigir la convocatoria al Plenario del Comité Provincia y adelantar la elección interna prevista para septiembre al 7 de junio de 2026.
El documento lleva las firmas de dirigentes como Josefina Mendoza, Miguel Bazze, Walter Carusso, Ariel Bordaisco, Sofía Gambier y Miguel Ángel Lunghi. Allí describen un escenario de “marcada fragilidad institucional” y “notoria incertidumbre en la vida interna”. La advertencia es clara: si no hay convocatoria formal, podrían avanzar con la autoconvocatoria prevista en la normativa partidaria.
Detrás del planteo hay un diagnóstico compartido por el sector que lidera Maximiliano Abad: el radicalismo bonaerense no puede llegar a 2027 con autoridades provisorias. “Debe resolver rápidamente su crisis de conducción para recuperar presencia y competitividad”, repiten cerca del ex presidente del Comité Provincia.
En diálogo con GRUPOLAPROVINCIA.COM, el intendente de Balcarce, Esteban Reino, fue directo: “La última performance electoral de nuestro partido nos dejó sin la posibilidad de poder influir tanto en la política de la provincia como en la política nacional, por un error de estrategia”.
Y agregó sobre la interna: “Ojalá pueda haber una lista de unidad. Hay cambios sociales muy rápidos y la política tradicional ya no existe más”.
Fernández y la discusión de fondo
Del otro lado se ubica el presidente del Comité de Contingencia, Miguel Fernández, quien reunió en la Cuarta Sección a intendentes y legisladores para marcar posición.
Participaron, entre otros, los jefes comunales Franco Flexas (General Viamonte), Salvador Serenal (Lincoln), Nahuel Mittelbach (Florentino Ameghino) y Francisco Recoulat (Trenque Lauquen), además de legisladores provinciales y el diputado nacional Pablo Juliano.
La definición política fue contundente: “Lo prioritario no son las fechas, sino discutir el rumbo del partido, las posibilidades de integración y una verdadera unidad de todos los sectores”.
En el entorno de Fernández sostienen que fijar una fecha sin acordar previamente el esquema de representación en la futura conducción puede profundizar la fragmentación. La consigna que repiten es simple: primero el destino, después el piloto.
Las tribus y el dilema estratégico
El mapa interno muestra un tablero fragmentado. El abadismo articula con el exintendente de San Isidro Gustavo Posse, el exvicegobernador Daniel Salvador y sectores que acercaron posiciones con Evolución, el espacio referenciado en Martín Lousteau.
Fernández, en cambio, intenta consolidar un armado apoyado en la territorialidad y en intendentes que buscan mayor protagonismo en la definición del rumbo partidario. A eso se suman sectores históricos como el de Federico Storani y otras líneas internas que observan con cautela la disputa central.
Hay un consenso implícito: nadie quiere otra interna judicializada. Las últimas experiencias dejaron heridas abiertas, dudas sobre padrones, fiscalización y recursos. Sin embargo, también crece la percepción de que prolongar la contingencia erosiona legitimidad.
El debate ya no es meramente orgánico. Es político y estratégico. Adelantar la elección puede otorgar aire y legitimidad a una nueva conducción. Pero también puede cristalizar una fractura si no hay síntesis previa.
2027 en el horizonte
Todo se lee en clave de 2027. La Provincia será el epicentro de la disputa nacional y el radicalismo busca recuperar centralidad en un escenario dominado por el gobierno de Javier Milei y la gestión bonaerense de Axel Kicillof.
El interrogante de fondo es qué rol jugará la UCR: si será un socio subordinado en alianzas amplias o si logrará reconstruir volumen propio para sentarse a negociar desde otra posición.
El 6 de marzo aparece como una estación decisiva. Allí se cruzarán el debate institucional, la presión por el calendario y la discusión estratégica. La rosca ya está en marcha. Y el radicalismo bonaerense sabe que el tiempo, esta vez, corre en su contra.