El peronismo en su laberinto: Uñac se lanza, Kicillof se mueve y Máximo exige definiciones
El peronismo dejó de hablar en potencial y empezó a moverse en clave electoral. Recorridas, actos y armado territorial marcan que la carrera hacia 2027 ya está en marcha.
En ese escenario, Sergio Uñac confirmó su intención de competir por la Presidencia y puso sobre la mesa una discusión incómoda: cómo se van a definir las candidaturas. Si se eliminan las PASO, propuso que el PJ organice una interna propia con votaciones regionales escalonadas. “Es la única manera de fortalecer democráticamente el partido y el liderazgo”, afirmó. Además, fue explícito al cuestionar los mecanismos tradicionales del peronismo: “No se puede definir en una mesa”.
El senador nacional también utilizó su lanzamiento para marcar diferencias con la gestión de Javier Milei. “No hay modelo económico, es sólo un plan de ajuste”, aseguró, al advertir sobre la caída del consumo y el deterioro del poder adquisitivo.
Desde esa lectura, planteó que el peronismo vuelve a ocupar el lugar central de la oposición: “Para la sociedad el oficialismo es Milei y la oposición es el peronismo”.
Máximo Kirchner mete presión sobre el debate interno
En paralelo, Máximo Kirchner intervino en la discusión con un planteo que tensiona hacia adentro: la falta de un programa económico claro. “Quiero que me digan cómo vamos a hacer”, lanzó durante un acto en Cañuelas, en referencia a las propuestas que empiezan a circular dentro del espacio.
“Después aparecen diciendo que van a subir los salarios y las jubilaciones… ¿pero cómo?”, insistió y apuntó a la falta de una discusión de fondo en el espacio.
El diputado también dejó una autocrítica que resonó en la interna: “Tenemos que asumir que en 2023 nos fuimos con una Plaza de Mayo vacía”. La frase expone un problema de representación que atraviesa al peronismo y condiciona cualquier estrategia futura.
Además, rechazó la idea de un armado meramente opositor: “No me convence un frente anti-Milei”, sostuvo, en una señal de diferenciación con el kicillofismo.
Mientras tanto, Axel Kicillof despliega una estrategia que combina gestión y construcción política con proyección nacional. Esta semana llegará a Córdoba —un territorio históricamente adverso— en una señal clara de que busca ampliar la base del peronismo y proyectar su armado más allá de la provincia de Buenos Aires.
El gobernador bonaerense se apoya en el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), con el que impulsa una red territorial en distintas provincias y sectores. La construcción incluye presencia sindical, armado político y vínculos con dirigentes locales.
En ese esquema, el exsenador Carlos Caserio cumple un rol clave en la articulación en Córdoba, mientras que figuras como la diputada nacional Natalia de la Sota aparecen en el radar como posibles interlocutores en una estrategia de expansión.
Desde el entorno del gobernador, además, remarcan la necesidad de disputar representación en distritos donde el peronismo viene siendo derrotado, lo que explica el desembarco en la provincia mediterránea.
Una interna abierta y sin conducción definida
La aparición de múltiples aspirantes y la falta de una figura que ordene el conjunto configuran un escenario inédito para el peronismo reciente. La competencia dejó de estar contenida y empieza a expresarse en público.
Uñac, en ese sentido, evitó confrontar con Kicillof y lo definió como un candidato “legítimo”, lo que sugiere que, por ahora, la disputa se canaliza dentro de un mismo espacio.
Sin embargo, las tensiones crecen. Sectores del kirchnerismo cuestionan el adelantamiento de las candidaturas, mientras otros dirigentes consideran que el proceso ya está en marcha y que postergarlo implica perder iniciativa.
Más allá de los nombres, hoy el peronismo enfrenta un dilema más profundo: reconstruir una propuesta política capaz de volver a interpelar a una sociedad golpeada por la crisis.
La discusión ya no se limita al liderazgo, sino que incluye el programa económico, el vínculo con los sectores productivos y la capacidad de representar nuevas demandas. En ese marco, una definición de Uñac funciona como síntesis del momento: “Milei nos ganó con el celular; ahora la heladera le va a ganar al celular”.
La frase expone una apuesta, pero también un desafío: transformar ese diagnóstico en una estrategia política que ordene una interna que se muestra abierta, competitiva y sin árbitro claro.