El socialismo bonaerense mira a Kicillof y discute cómo pararse frente a Milei en 2027
El Partido Socialista empezó a mover piezas para 2027 y el ruido ya cruzó Santa Fe, Buenos Aires y Córdoba. La celebración por los 130 años de la fuerza dejó una postal que no pasó desapercibida: Carlos Bianco, ministro de Gobierno bonaerense y hombre de máxima confianza de Axel Kicillof, compartió una mesa política con dirigentes socialistas y referentes de otros espacios opositores.
La foto abrió una pregunta que incomoda a más de una terminal: si el socialismo podría sumarse a un armado amplio con el gobernador bonaerense para enfrentar a Javier Milei.
En la provincia de Buenos Aires, el secretario general del PS bonaerense, Luciano Burket, empezó a ponerle palabras a esa discusión. El dirigente marplatense, integrante de Socialismo en Movimiento, reconoció en una entrevista reciente que la prioridad es construir una alternativa capaz de superar al gobierno libertario.
Burket comparte la conducción bonaerense con Carlos Ajamil, de Usina Socialista, un sector con base en La Plata que forma parte de la gestión del intendente Julio Alak y mantiene cercanía con el presidente del Concejo Deliberante, Marcelo Galland. Esa convivencia interna explica parte del debate: Usina ya tiene un pie en el kicillofismo; Burket y los suyos todavía no, aunque admiten que empezaron a revisar el mapa.
El gesto de Bianco y la interna socialista
La presencia de Bianco en el acto socialista fue leída como una señal hacia el gobernador bonaerense. Para muchos dirigentes, la invitación marcó el inicio de una etapa distinta: dejar atrás la lógica de la equidistancia o de la llamada tercera vía para ensayar una oposición con vocación de mayoría.
El acercamiento, de todos modos, no empezó en ese aniversario. Tras las elecciones internas de 2025, por invitación de Galland, participó el intendente platense Julio Alak, quien llevó una carta manuscrita de Kicillof. Ese gesto fue interpretado dentro del PS bonaerense como una señal de apertura al diálogo y de fortalecimiento de vínculos políticos entre ambos espacios.
“Hay sectores que hoy creen que el camino es un acercamiento al gobernador. Nosotros estamos abiertos a repensar el esquema de acuerdos”, admitió Burket en diálogo con la prensa. El dirigente sostiene contacto permanente con la conducción santafesina del partido y asegura que cualquier movimiento se conversa con la presidenta nacional del PS, Mónica Fein, y con Joaquín Blanco, uno de los referentes de la conducción en Santa Fe.
La línea de Fein, Clara García y Blanco defendió la convocatoria a Bianco como parte de un debate más amplio sobre 2027. En ese encuentro también participaron el presidente de la Coalición Cívica ARI, Maximiliano Ferraro; el referente del Frente Renovador, Diego Giuliano; la exdiputada radical Danya Tavela, vinculada al espacio de Martín Lousteau; y dirigentes socialistas como Esteban Paulón y Matías Chamorro.
También habían sido invitados el radical Leonel Chiarella y la dirigente del PRO Guadalupe Tagliaferri, aunque no asistieron.
Bianco dejó una frase que quedó resonando en el mundo socialista: “Desde el peronismo solo no va a alcanzar”. Esa definición calzó con el diagnóstico del PS, que viene hablando de una alternativa opositora más amplia, federal y progresista frente al oficialismo nacional.
Santa Fe, Córdoba y el límite con el cristinismo
El movimiento generó malestar en Santa Fe, donde el socialismo integra Unidos para Cambiar Santa Fe, la coalición que gobierna Maximiliano Pullaro. El gobernador radical mantiene una relación institucional con Milei, acompañó iniciativas del Gobierno nacional y busca construir una opción de centro junto a sectores radicales, macristas e independientes.
En la Casa Gris interpretaron la foto con Bianco como una señal contradictoria. Un ministro político del pullarismo lo resumió sin vueltas: “Solo contribuyen a la confusión general”. Y agregó: “El ánimo interno es que no nos hinchen más los huevos”.
Las diferencias también aparecieron dentro del socialismo. El sector vinculado al exgobernador Antonio Bonfatti cuestionó el tono del acto. “¿Qué tenemos que ver nosotros con los intendentes del conurbano de Kicillof?”, se preguntó un dirigente de esa línea.
El partido, sin embargo, tiene antecedentes de jugar con estrategias distintas según el distrito. En 2023, Pullaro acompañó primero a Horacio Rodríguez Larreta y luego a Patricia Bullrich, mientras el socialismo respaldó la candidatura presidencial de Juan Schiaretti.
Esa autonomía vuelve ahora al centro de la escena: el PS podría mantener su alianza con la UCR en Santa Fe, sostener el acuerdo con Martín Llaryora en Córdoba y explorar un entendimiento nacional con sectores del peronismo bonaerense.
Desde Córdoba, Matías Chamorro ratificó que el socialismo quiere aportar a un “amplio frente democrático, progresista y federal” contra Milei, pero también marcó distancia de experiencias anteriores. “No alcanza con unirse: hay que tener claro para qué. Coincidimos en que el PJ solo no llega, que necesita ampliarse, y que cada vez resulta más difícil sostener un esquema por fuera de la polarización”, sostuvo.
Burket también puso condiciones. Para avanzar, dijo, todo dependerá de “cómo se ordene y qué propuesta encarne el peronismo”. Y avisó que el acercamiento no será a cualquier precio: “Si se va a armar un Frente de Todos II, no vamos a estar; si es cristinismo por otros medios, no nos sentimos interpelados”.