Economía Por: Mariana Portilla29 de agosto de 2026

La industria textil se achica: cierres, importaciones y menos empleo

La actividad acumula una fuerte contracción, mientras decenas de plantas dejaron de operar y varias firmas recurrieron a concursos preventivos. El avance de las prendas importadas suma presión sobre un sector que también enfrenta menor consumo y pérdida de puestos.
Durante los primeros cuatro meses del año dejaron de operar 115 establecimientos.

La industria textil argentina atraviesa una etapa de fuerte contracción, con fábricas que dejan de producir, empresas que recurren a concursos preventivos para intentar sostenerse y un avance de las prendas importadas que modifica las reglas del negocio. El caso de una histórica fábrica de La Plata, que después de más de medio siglo de actividad se prepara para cerrar, expone a escala local un proceso que se repite en distintos puntos del país.

Los números ayudan a dimensionar el cuadro. Según datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la producción del sector acumuló una caída del 26,5% entre enero y mayo de 2026, mientras que en junio la utilización de la capacidad instalada llegó al 46,6%, por debajo del 59,1% registrado para el conjunto de la industria manufacturera.

A esto se suma una reducción del entramado productivo. Durante los primeros cuatro meses del año dejaron de operar 115 establecimientos, mientras que el empleo formal de la cadena textil, confección, cuero y calzado se ubicó en abril en 95.094 puestos, con 1.241 trabajadores menos que el mes anterior.

El deterioro tampoco queda circunscripto a las fábricas. En julio, las ventas minoristas pyme de textil e indumentaria retrocedieron 5,6% interanual, de acuerdo con la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), en un escenario donde los comerciantes también advierten por el aumento de la oferta importada, los costos fijos y las dificultades de financiamiento.

Uno de los casos que permite ponerle rostro a esta transformación es el de Clan Issime, una empresa familiar fundada en 1973 que tiene su planta en el barrio platense de Tolosa.

La firma, conducida por Dolores y Jorge Bizet junto con su hijo Martín, tiene previsto cerrar definitivamente el 31 de agosto, después de más de cinco décadas de actividad. El proceso refleja también el fuerte achicamiento de su estructura: en 2007 llegó a contar con 129 trabajadores, mientras que actualmente quedan apenas nueve empleados.

El cierre estará acompañado por el remate del stock y de las maquinarias. Según explicó Jorge Bizet, uno de los propietarios, la intención es reunir fondos para afrontar las indemnizaciones correspondientes a los trabajadores que permanecen en la planta.

La familia también puso el foco en el cambio de las condiciones de competencia. “Producimos, pero es imposible con las importaciones”, sostuvo Bizet al describir el escenario que terminó por volver inviable la continuidad de la fábrica.

Clan Issime, una empresa familiar fundada en 1973 que tiene su planta en el barrio platense de Tolosa, tiene previsto cerrar definitivamente.

Las importaciones cambiaron el tablero

La presión sobre las empresas locales también aparece en el comercio exterior. Durante 2026, las importaciones de prendas terminadas crecieron 65% en volumen, mientras que la inversión en maquinaria textil mostró un retroceso, otro dato que refleja las dificultades para sostener o ampliar la capacidad productiva.

Al mismo tiempo, las compras de los argentinos en plataformas internacionales como Amazon, Shein y Temu aceleraron su expansión. Según datos de Analytica elaborados sobre estadísticas oficiales, los pequeños envíos y las compras mediante courier acumularon US$751 millones entre enero y julio, un 83,9% más que en el mismo período de 2025. En julio alcanzaron unos US$108 millones.

El dato adquiere otra dimensión al compararlo con todo 2025: durante ese año se habían registrado US$894 millones en este tipo de compras. Con los US$751 millones acumulados hasta julio, faltaban apenas US$143 millones para alcanzar aquel volumen.

El cambio también se observa en los hábitos de consumo. Datos citados de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE) muestran que durante el primer semestre de 2026 seis de cada diez compradores online consultados habían realizado al menos una compra internacional. Temu y Shein aparecen entre las plataformas con mayor presencia.

Para las empresas textiles argentinas, esa competencia se produce además en un mercado interno donde el consumidor se volvió más selectivo y prioriza precio y productos considerados indispensables.

Las compras de los argentinos en plataformas internacionales como Amazon, Shein y Temu aceleraron su expansión.

Fábricas que cierran y empresas que buscan sobrevivir

El caso de Clan Issime se suma a una lista más extensa de compañías que durante 2026 redujeron sus operaciones o directamente dejaron de producir.

Entre los cierres mencionados aparecen Will Der, que bajó las persianas de sus plantas de General Pacheco y Las Flores y desvinculó a 120 trabajadores; Hilado, en La Rioja, que dejó a 60 empleados afectados; Emilio Alal SACIFI, que cesó su actividad textil con más de 200 despidos; y La Texto Fabril, histórica fábrica cordobesa que cerró cuando se acercaba a sus 80 años de trayectoria.

También cerraron sus plantas Panpack, en Tucumán, y Mazalosa, en La Rioja, mientras que la firma de indumentaria Manki anunció el cierre de seis de sus siete locales propios.

La otra vía que aparece en el sector es el concurso preventivo. Uno de los casos más relevantes es Textil Amesud, que ingresó al proceso con un pasivo de $12.156 millones y una producción mensual cercana a las 115 toneladas, frente a una capacidad potencial de unas 700 toneladas. En Mar del Plata, Textilana, vinculada a la marca Mauro Sergio, hizo lo propio con pasivos superiores a $2.400 millones y una utilización de aproximadamente 60% de su capacidad instalada.

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Un sector atrapado entre el consumo y la competencia externa

El deterioro de las fábricas ocurre mientras las ventas también muestran dificultades. Según CAME, las ventas minoristas pyme de textil e indumentaria acumularon hasta julio una caída del 4,6% y en ese mes retrocedieron 5,6% interanual y 5,5% frente a junio.

La entidad empresaria señaló que los consumidores postergan la renovación del guardarropa y concentran el gasto en artículos indispensables. A esa menor demanda se agregan la presión de los productos importados, los costos fijos y el financiamiento.

La situación se refleja también en la inversión. Entre enero y junio, las compras de maquinaria textil alcanzaron los US$60,2 millones, con una caída del 28% respecto del período comparable.

El contraste dentro de la industria manufacturera también había quedado expuesto en el relevamiento del INDEC correspondiente a mayo: mientras sectores como refinación de petróleo y las industrias metálicas básicas presentaban niveles elevados de utilización, los productos textiles se ubicaban en 42,2%, por debajo del promedio industrial de 58,4%.

El resultado es un mapa productivo que se está modificando a gran velocidad. Hay empresas que directamente cerraron, otras que redujeron su estructura para sobrevivir y algunas que comenzaron a combinar fabricación local con importaciones.

En ese escenario, la industria textil enfrenta una doble presión: producir menos en un mercado interno debilitado y competir con una oferta externa que ganó terreno tanto a través de las importaciones tradicionales como de las compras directas de consumidores en plataformas internacionales.

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