La crisis económica golpea los barrios y devora las panaderías bonaerenses
Pamela Orellana


La provincia de Buenos Aires enfrenta un derrumbe histórico en el consumo de pan que golpea a uno de sus sectores más tradicionales. Con ventas que cayeron hasta un 45% en los últimos meses y más de 2.000 panaderías cerradas en lo que va del año, miles de puestos de trabajo están en riesgo, mientras los aumentos de insumos y servicios presionan aún más al sector.
Martín Pinto, presidente del Centro de Panaderos de Merlo, describió la situación como un “drama” que refleja la pérdida de poder adquisitivo de la población y la desprotección de los trabajadores en los barrios bonaerenses.
“Hace dos años venimos informando esta caída terrible que venimos sufriendo. En dos años tenemos una caída de consumo de pan de un 55%. En estos dos últimos meses, comparado a los dos meses anteriores del año pasado, tuvimos una baja ya del 45%”, explicó Pinto en una entrevista. El dirigente atribuye la situación al deterioro del poder de compra: “Esto se debe al poco poder adquisitivo que tiene la gente. Porque no hay otra realidad”.
Cambios drásticos en el consumo y en la oferta
La crisis no sólo afecta a las panaderías, sino también a la alimentación de los sectores más vulnerables. Pinto detalló que la caída impacta especialmente en niños y adultos mayores: “Si no come pan la gente, la verdad estamos complicados”.
La oferta se restringe a productos básicos: algunas flautitas, pan común y un mínimo de facturas. “Vos entrás a una panadería y la verdad que te da tristeza ver las heladeras apagadas, ver la panadería vacía. Hoy solamente tenés lo básico. Tenés un poco de pan, algún que otro grisín, algunas masitas secas, cuernito, bizcochito y un poquito de factura. Y pará de contar”, describió.
El consumo de pastelería sufrió un derrumbe aún más pronunciado, con un descenso del 85% en la venta de tortas, sándwiches de miga y productos elaborados. Esto obliga a las panaderías a reducir su producción a encargos puntuales, una práctica que compromete la rentabilidad y la continuidad de los comercios.
Costos que estrangulan al sector
A la caída del consumo se suman aumentos constantes en insumos y servicios. La harina, principal materia prima, subió entre un 5 y un 8% en los últimos días y además presenta problemas de calidad: “No estamos pudiendo fabricar nuestros productos porque la harina está viniendo de muy mala calidad, con un gluten muy bajo”, advirtió Pinto. Esta situación se da pese a que la cosecha de trigo del año pasado fue récord, aunque de baja calidad, afectando la producción diaria de pan y facturas.
Los costos fijos también presionan. Los alquileres en el AMBA se dispararon tras la derogación de la ley de alquileres, y la práctica de renegociar mes a mes genera incertidumbre financiera.
“El primer fusible es el personal. O vos lo tenés que suspender, o lo tenés que echar, o le tenés que decir: ‘Che, vamos a tener que laburar tres veces por semana y el resto, para poder seguir manteniendo nuestra fuente de trabajo, pongo a mi señora, meto a mi hijo, meto a mi hermano’”, relató Pinto, evidenciando cómo las familias se involucran directamente para sostener la actividad.
Los despidos ya superan los 15.000 puestos de trabajo en todo el país, mientras que los cierres alcanzan los 2.000 locales, muchas veces con historias centenarias que atraviesan generaciones de panaderos.
Impacto económico y social más allá del pan
Varios intendentes bonaerenses coinciden en que la retracción del consumo y la caída de ingresos no se limita al sector panadero, sino que atraviesa toda la economía local. El intendente de Chacabuco, Darío Golía, señaló a GRUPOLAPROVINCIA.COM que “en estos meses se ha reflejado también una merma muy importante en la recaudación, fundamentalmente en lo que es el consumo, una pérdida del poder adquisitivo de los vecinos”.
En la costa atlántica, la temporada de verano tampoco mostró alivio económico. Sebastián Ianantuony, intendente de General Alvarado, explicó: “Transitamos una temporada muy difícil, hay una baja muy marcada en el consumo. La gente hoy no tiene plata, pero también ve una expectativa futura negativa, y eso hace que el consumo se haya retraído”.

Por su parte, Javier Osuna, intendente de General Las Heras, advirtió: “Si no se revierte la tendencia país, no se produce, no se regeneran las ventas, no se activa el consumo y no hay crecimiento de la economía nacional, eso repercute en la provincia y directamente después en los municipios”.
La crisis panadera se inscribe en un contexto general de deterioro económico. Según el ministro de Producción bonaerense, Augusto Costa, la situación es “dramática”, con empresas al límite y caída del consumo.
La industria, el comercio y la construcción muestran retrocesos, mientras el turismo interno cayó un 13% respecto a la temporada previa al cambio de gobierno, con turistas gastando un 30% menos y acortando sus estadías a apenas tres o cuatro días.
Costa también advirtió sobre la pérdida de capacidad instalada en la industria: “La mitad de las máquinas y de la capacidad instalada de la industria argentina está sin funcionar. Entonces uno se pregunta por qué se va a buscar inversión extranjera cuando primero habría que recuperar lo que ya tenemos”.
La combinación de caída de ventas, suba de costos y problemas de insumos deja a las pequeñas y medianas panaderías al borde del cierre, amenazando no sólo fuentes de trabajo, sino la continuidad de un tejido social y productivo fundamental en los barrios bonaerenses.
“Hoy te alcanza con $500 para comprar dos flautitas. Y vos sabés que son cinco pibes, y les terminás regalando tres, cuatro flautitas más, porque con dos flautitas qué va a hacer una mamá con cinco pibes en la casa”, concluyó Pinto, ilustrando la crudeza de la realidad cotidiana en los comercios y en los hogares.

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