El endeudamiento familiar alcanzó picos históricos y acorrala la estrategia económica del Gobierno
Mariana Portilla
El espejismo del crédito como salvavidas ante la erosión de los ingresos empezó a mostrar su cara más compleja en el sistema financiero argentino. Lejos de funcionar como un apalancamiento para la inversión o el consumo productivo, la masa de financiamiento otorgada en los últimos meses derivó en un volumen de incumplimientos que enciende alarmas rojas tanto en los despachos oficiales como en el sector bancario.
De acuerdo con el último relevamiento del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) en base a registros del Banco Central de la República Argentina (BCRA), el ratio de irregularidad del sistema financiero trepó al 7,6% en mayo, encadenando un proceso ininterrumpido de deterioro que se prolonga desde finales del año pasado.
La cifra general, sin embargo, enmascara un quiebre estructural drástico: mientras el sector corporativo mantiene niveles de mora relativamente acotados en torno al 3%, el incumplimiento registrado en los hogares trepó de manera vertiginosa hasta ubicarse por encima del 12%, multiplicando por cinco los parámetros vigentes un año y medio atrás.
El ahogo financiero no responde a un desvío en el aprendizaje del uso de herramientas crediticias, sino a la pérdida paulatina de la capacidad prestable de los salarios. Las líneas de préstamos personales y el financiamiento mediante tarjetas de crédito explican casi tres cuartas partes de la cartera irregular del sistema. La mora en préstamos personales pasó de niveles residuales cercanos al 3,3% a marcas que rondan el 15,9%, mientras que la financiación con plástico escaló de manera constante hasta situarse en el 13,1%.

La brecha entre el sistema bancario y las plataformas digitales
A medida que las entidades bancarias tradicionales endurecen sus exigencias de riesgo y acortan los grifos de liquidez para contener la morosidad, un contingente masivo de usuarios migró hacia los proveedores no financieros de crédito. Las billeteras virtuales y las empresas fintech captaron ese flujo de deudores que buscaban refinanciar vencimientos o cubrir gastos corrientes, aunque bajo esquemas de tasas significativamente más gravosos.
El impacto en ese segmento es dramático. El nivel de mora en las plataformas digitales se cuadruplicó desde finales de 2024, alcanzando niveles cercanos al 30%, marcas que superan holgadamente los registros observados durante la pandemia.
De los más de 20 millones de personas que mantienen algún tipo de asistencia financiera en el país, casi 6 millones presentan atrasos en sus pagos, y más de la mitad de ese universo irregular corresponde de manera exclusiva a clientes de billeteras virtuales. Informes de la consultora Equilibra coinciden en que más del 50% de las personas que operan únicamente con prestadores no financieros exhiben morosidad, reflejando el sesgo de vulnerabilidad de quienes carecen de acceso a la banca tradicional.

El cruce de datos por franjas etarias pone de manifiesto que el sobreendeudamiento golpea con singular violencia a los segmentos de menor edad. Cuatro de cada diez jóvenes de entre 18 y 34 años con financiamiento activo registran algún grado de morosidad en sus cuentas, una proporción que supera el 40% entre los menores de 24 años. La adopción masiva de herramientas de pago digital y el acceso simplificado a microcréditos en aplicaciones móviles convirtieron a este grupo en el epicentro de la irregularidad crediticia.
Secuelas en la actividad económica y tensión en las calles
El impacto de la mora comenzó a desbordar el ámbito puramente financiero para proyectar sombras sobre la actividad productiva y la paz social. Sectores intensivos en mano de obra como la construcción, la gastronomía, el hotelería y el comercio minorista muestran señales evidentes de morosidad corporativa en ascenso.
Por su parte, consultoras del sector privado como 1816 advierten que, con más del 27% de los tomadores de crédito marginados del circuito formal por pérdida de condición crediticia, el consumo difícilmente pueda actuar como motor de reactivación en el corto plazo.
Esta marea de dificultades económicas encontró resonancia en las calles. Durante una reciente manifestación convocada junto a agrupaciones de jubilados frente al Congreso Nacional, el secretario general de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), Rodolfo Aguiar, graficó el panorama al aseverar que al Gobierno se le terminó el veranito mundialista y que los trabajadores van a profundizar su plan de acción.
El dirigente denunció que las políticas oficiales están ahogando la subsistencia de los adultos mayores y exigió una recomposición urgente de los haberes junto con la restitución plena de la cobertura médica y social. Mientras el Banco Central confía en que los niveles de mora hayan alcanzado su techo en el segundo trimestre, la realidad de los bolsillos indica que la consolidación de las deudas familiares seguirá condicionando la dinámica social y económica durante los próximos meses.

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