El dilema radical: integrar a todos o abrir una interna que reordene el mapa de poder

Un sector con fuerte anclaje territorial advierte que, sin participación en la conducción, impulsará lista propia. La disputa cruza presión política, negociación trabada y expectativa por una definición judicial que puede alterar el cronograma electoral.
Política31 de marzo de 2026Pamela OrellanaPamela Orellana
UCR comité bonaerense
UCR comité bonaerense

La Unión Cívica Radical bonaerense volvió a entrar en zona de máxima tensión. El sector referenciado en el titular del comité de contingencia Miguel Fernández y la diputada provincial Alejandra Lordén elevó el tono y dejó un mensaje que empieza a condicionar toda la negociación partidaria: si no hay integración real en una lista de unidad para la elección interna del 7 de junio, avanzarán con candidato propio.

El aviso no fue aislado. Llegó después de una demostración de fuerza en Saladillo que reunió a unas 500 personas, entre ellas diez intendentes, legisladores provinciales y un diputado nacional. La foto no sólo buscó volumen político sino también marcar presencia territorial frente al esquema que impulsan el oficialismo partidario vinculado a Maximiliano Abad y el espacio Evolución.

La jugada se da en un contexto delicado. La interna radical sigue atravesada por la judicialización del proceso electoral, a la espera de una definición del juez federal con competencia electoral Alejo Ramos Padilla. Ese fallo podría validar o frenar el adelantamiento de las elecciones de septiembre a junio, una decisión que el sector de Fernández impugnó por considerar que no tiene sustento reglamentario.

En paralelo, la construcción política avanza sin pausa. El espacio que lidera el exintendente de Trenque Lauquen viene desplegando encuentros seccionales y sumando dirigentes con peso propio.

En Saladillo confluyeron nombres como Francisco Recoulat, José Luis Salomón, Juan Carlos Chalde, Ramón Capra, Román Bouvier, Maximiliano Suescun, Lisandro Hourcade, Franco Flexas, Nahuel Mittelbach y Javier Andrés, entre otros. A ellos se sumaron respaldos indirectos de jefes comunales que no asistieron pero enviaron representantes.

La disputa por el control y el “derecho a integrar”

El trasfondo de la tensión no es sólo el calendario electoral, sino el control de la estructura partidaria. En la elección interna se definirán las autoridades del Comité Provincia, los comités distritales y los convencionales que tendrán un rol clave en la estrategia electoral de 2027.

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En ese escenario, el sector de Fernández busca garantizarse un lugar en la conducción. La intención declarada es integrar una lista de unidad junto a Adelante, Evolución, el possismo y el salvadorismo. Sin embargo, puertas adentro desconfían de un eventual reparto de cargos entre los sectores dominantes.

“¿Y la unidad?”, se preguntan en ese armado, donde sospechan que podría haber un acuerdo para dividirse la presidencia del comité y la convención provincial sin contemplarlos. De ahí surge la advertencia: si no hay lugar en esa mesa, habrá competencia.

La estrategia también contempla un recambio de nombres. Fernández está descartado como candidato, según reconocen en su entorno. La idea es impulsar una figura “nueva y joven”, que podría ser un intendente o un legislador, con el objetivo de disputar la conducción y, en el peor de los casos, consolidar un porcentaje interno que les permita incidir en las decisiones futuras.

Encuentro de la UCR en Saladillo
Encuentro de la UCR en Saladillo

El movimiento tiene, además, una lectura pragmática: incluso perdiendo una interna, un caudal significativo de votos podría traducirse en representación dentro del partido.

Crisis de liderazgo y reconfiguración política

La disputa bonaerense también expone una crisis más amplia dentro del radicalismo. El liderazgo de Martín Lousteau aparece cada vez más cuestionado y con menor capacidad de ordenar al partido, incluso entre sus propios aliados. En la provincia, ese desgaste se traduce en una mayor fragmentación y en la proliferación de estrategias divergentes.

Algunos sectores exploran acercamientos a La Libertad Avanza, otros mantienen puentes con el peronismo y un tercer grupo impulsa una construcción propia. En ese tablero, la interna radical no es un episodio aislado, sino una pieza clave para definir el posicionamiento político de cara a las próximas elecciones.

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Mientras tanto, la necesidad de evitar una fractura sigue siendo un argumento repetido en todos los sectores. Organizar una interna implica costos logísticos, fiscales y políticos en un partido que viene de una crisis institucional y que tuvo que recurrir a una conducción de contingencia para poder participar del proceso electoral 2025.

Sin embargo, la falta de acuerdos concretos mantiene abierto el escenario de competencia. El sector de Fernández, que ya rompió con el abadismo en la Legislatura bonaerense —con la salida de Lordén y la conformación de un nuevo bloque junto a Valentín Miranda y Priscila Minnaard—, se muestra dispuesto a avanzar.

En ese contexto, el mensaje que dejó el encuentro de Saladillo funciona como una síntesis de la etapa: construcción territorial, presión política y una advertencia explícita que empieza a redefinir el equilibrio interno del radicalismo bonaerense.

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