La disputa por la sucesión de Kicillof ya se juega en el territorio: candidatos, estrategias y una interna que gana volumen
Aunque el calendario electoral todavía marca distancia con las elecciones de 2027, la política bonaerense empezó a transitar una etapa que hasta hace poco permanecía puertas adentro. La imposibilidad constitucional de Axel Kicillof de competir por un tercer mandato consecutivo aceleró una discusión inevitable dentro del peronismo: quién estará en condiciones de conducir la provincia más grande del país cuando finalice el ciclo del actual gobernador.
Durante meses, esa conversación se expresó mediante gestos, reuniones reservadas y especulaciones. Ahora empezó a adquirir otra dimensión. Los respaldos públicos se multiplican, las recorridas territoriales dejaron de ser casuales y varios dirigentes comenzaron a construir un perfil propio con la mira puesta en la próxima disputa por la Gobernación.
El desafío excede los nombres. El Movimiento Derecho al Futuro (MDF), impulsado por Kicillof, convive con La Cámpora, el Frente Renovador y el resto de los sectores que integran Fuerza Patria, en un delicado equilibrio donde la construcción de un liderazgo deberá convivir con la necesidad de preservar la unidad.
En ese escenario, el primer acto provincial encabezado por Jorge Ferraresi después de dejar la intendencia de Avellaneda marcó un punto de inflexión. No porque haya definido una candidatura, sino porque transformó en hechos una estrategia política que hasta ahora se insinuaba.
El ex jefe comunal eligió un escenario simbólico para iniciar su gira: el Club Florentino Ameghino, en la localidad de Sáenz Peña, partido de Tres de Febrero, un distrito administrado por La Libertad Avanza desde que Diego Valenzuela asumió su banca en el Senado bonaerense y la intendencia quedó a cargo de Rodrigo Aybar.
Acompañado por la diputada provincial Ana Luz Balor, quien busca convertirse en la candidata del peronismo para disputar ese municipio, Ferraresi reunió a vecinos, militantes y dirigentes locales para presentar un diagnóstico sobre la situación económica de los municipios, el esquema de ingresos provinciales y el rol que, a su entender, debe cumplir el Estado.
Su discurso buscó diferenciarse de una defensa tradicional del "Estado presente" para instalar otro concepto: "El Estado presente es una falacia, porque el Estado siempre está. Puede ser eficaz para favorecer a las corporaciones, como hace el gobierno de Milei, o puede ser eficaz para estar al servicio del pueblo, como proponemos nosotros".
También realizó una autocrítica sobre el presente del peronismo: "La llegada de Milei no tiene que ver con sus aciertos, sino con nuestros fracasos. Y esos fracasos se basan en que no pudimos poner en valor lo que pensamos y decimos, nuestra filosofía".
Durante la exposición también cuestionó el esquema de coparticipación y defendió una mayor autonomía financiera para los municipios. "La coparticipación está mal distribuida. Si se recaudara bien y se redistribuyera, podríamos financiar políticas públicas universales", sostuvo.
La presentación en Tres de Febrero es apenas la primera escala de una agenda que continuará en distintos puntos de la provincia. Ferraresi tiene previstas actividades en San Nicolás, Chivilcoy, San Miguel, Tandil y Necochea, donde buscará consolidar presencia en distintas secciones electorales.
La sucesión suma nombres y respaldos
Ferraresi es uno de los dirigentes que empezó a recorrer la provincia, pero no el único que aparece en el radar del oficialismo. El intendente de La Plata, Julio Alak, recibió en los últimos días un respaldo explícito del senador provincial Pedro Borgini, referente sindical e integrante del bloque de Fuerza Patria.
"Alak, por experiencia y por los cargos que ocupó tanto a nivel nacional como ministro de Justicia, como en la Provincia y en la intendencia, tiene capacidad para poder ser un candidato importante, con muchas posibilidades."
Sin embargo, Borgini dejó en claro que la definición deberá surgir del propio espacio. "Después tenemos que ir a una interna, si se tiene que ir, y ver si llega, pero yo creo que Julio sería un buen candidato para gobernar la provincia de Buenos Aires."
Al mismo tiempo, Ferraresi recibió semanas atrás un respaldo importante por parte del ministro de Desarrollo de la Comunidad, Andrés "Cuervo" Larroque, quien lo ubicó entre los dirigentes con condiciones para conducir la Provincia.
Otro nombre que aparece con fuerza es el del ministro de Infraestructura y Servicios Públicos, Gabriel Katopodis, uno de los funcionarios de mayor confianza de Kicillof y con alta visibilidad producto de su gestión.
Katopodis, Ferraresi, Alak y el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, integran el denominado "grupo de los cuatro", un espacio que acordó fortalecer su presencia territorial durante este año y, llegado el momento, evaluar quién reúne las mejores condiciones para avanzar hacia una candidatura provincial.
En paralelo también construyen volumen político los intendentes Federico Achával (Pilar), Federico Otermín (Lomas de Zamora) y Gustavo Menéndez (Merlo), mientras que desde otros sectores del peronismo continúan mencionándose Mayra Mendoza (Quilmes), Mariel Fernández (Moreno), Eduardo "Wado" de Pedro y Sergio Massa, cuyo nombre volvió a ser impulsado públicamente por el senador bonaerense Sergio Berni.
“Estoy construyendo para gobernar la Provincia de Buenos Aires, no sola, integrando a todos los sectores”, remarcó Fernández, tiempo atrás. La frase sintetiza el eje de su estrategia: instalarse como una figura competitiva sin quedar atrapada en la grieta interna que divide al peronismo entre el sector alineado con Kicillof y el núcleo duro referenciado en Máximo Kirchner.
En ese marco, también planteó que la discusión por el liderazgo no debe resolverse a través de imposiciones, sino mediante una competencia abierta o consensos amplios. “No sobra ningún peronista ni ningún otro partido que tenga la voluntad de reconstruir esta situación”, afirmó, en una señal de apertura que busca ampliar la base política más allá del PJ tradicional.
Uno de los movimientos más llamativos de su armado fue el encuentro con el diputado nacional Miguel Ángel Pichetto. La reunión sorprendió por el historial crítico del legislador hacia los movimientos sociales, a los que supo calificar como “gerentes de la pobreza”.
Lejos de esquivar esa tensión, Fernández capitalizó el gesto como una señal de apertura. “Es necesario que todos los sectores del peronismo podamos dialogar e integrarnos”, planteó tras la reunión, en el que —según detalló— analizaron las consecuencias económicas del gobierno de Javier Milei y la necesidad de reconstruir un proyecto “popular”.
Pichetto, por su parte, la definió como una dirigente “talentosa y preparada”, validación que no pasa desapercibida en un contexto donde la construcción de mayorías exige tender puentes más allá del núcleo duro propio.
La unidad y las PASO, otra discusión que atraviesa al oficialismo
Mientras los dirigentes comienzan a posicionarse, también reaparece un viejo debate: cómo resolver la competencia sin poner en riesgo la unidad del espacio.
Borgini volvió a defender las elecciones primarias como herramienta para ordenar la oferta electoral. "Es lo peor para el peronismo ir de esa manera. Lo mejor es ir a una PASO. Ir divididos en tres o cuatro listas no sirve."
En la misma línea se pronunciaron recientemente el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, y referentes del Movimiento Evita, quienes sostienen que la competencia debe canalizarse mediante reglas comunes y no a través de una fragmentación que termine debilitando al oficialismo.
Con la campaña todavía lejana, el peronismo ya empezó a mostrar las primeras señales de una disputa que marcará el futuro político de la provincia. Las recorridas, los respaldos cruzados y los mensajes dirigidos tanto a la militancia como a la sociedad empiezan a ordenar un tablero que, aunque todavía no tiene un candidato definido, ya dejó en claro que la sucesión de Axel Kicillof entró en una nueva etapa.