Sin foto ni coordinación: la disputa entre Caputo y Karina Milei desordena el armado bonaerense
Pamela Orellana


La postal que buscó construir La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires volvió a mostrar fisuras difíciles de disimular. Los faltazos de Nahuel Sotelo y Agustín Romo a dos encuentros clave del armado bonaerense no solo dejaron sillas vacías: reforzaron la percepción de que la disputa entre el karinismo y el sector referenciado en Santiago Caputo está lejos de encauzarse.
Faltazos que exponen la grieta libertaria
El doble desplante tuvo un efecto político inmediato. Ni Sotelo ni Romo participaron de la reunión de la mesa provincial encabezada por Sebastián Pareja en la sede porteña del espacio, ni tampoco del encuentro en el Senado bonaerense donde se discutió la implementación de la Boleta Única de Papel, uno de los ejes que el mileísmo intenta instalar en la agenda legislativa.
La explicación formal —que el sector de “Las Fuerzas del Cielo” no integra el esquema partidario bonaerense— no terminó de convencer puertas adentro. Sobre todo porque la segunda cita tenía un fuerte contenido legislativo, un terreno donde Romo debería ejercer liderazgo como jefe de bloque en Diputados.

La ausencia en ese ámbito fue leída como algo más que un problema de agenda. En el parejismo reconocen que existe una “convivencia amable”, pero insisten en la necesidad de ordenar un bloque que muestra descoordinación. El dato del grupo de WhatsApp inactivo entre los 20 legisladores funciona como síntoma de una dinámica interna que no fluye.
Las críticas ya no se limitan a comentarios en off. El diputado Ramón Vera lo planteó sin rodeos: “Hay que ver si es su deseo”, dijo sobre la continuidad de Romo al frente de la bancada, y deslizó que el rol requiere una dedicación que hoy aparece en duda.
Un bloque sin conducción clara
El problema de fondo excede los faltazos. La discusión sobre la unicameralidad, impulsada por un proyecto de Héctor Gay, terminó de exponer la fragilidad en la conducción legislativa. En el entorno de Pareja interpretaron que la iniciativa avanzó sin una estrategia común, debilitando la posibilidad de capitalizar políticamente una bandera que el espacio pretendía ordenar de manera orgánica.
Las sospechas internas apuntan directamente a Romo. En ese sector creen que permitió el avance del proyecto sin coordinación, o incluso que “deja hacer” para interferir en la agenda del karinismo. La lectura es que la disputa no es solo por un expediente, sino por quién define los tiempos y prioridades del espacio en la Legislatura.
En paralelo, el bullrichismo juega su propio partido. Con cuatro bancas, mantiene presencia en los encuentros y administra sus movimientos sin alinearse completamente a ninguna de las tribus internas. Esa autonomía agrega otra capa de complejidad a un bloque que ya es heterogéneo.
Mientras tanto, en la práctica, la organización cotidiana parece recaer más en figuras como Juan Osaba que en el propio jefe de bloque. En ese contexto, no se descarta una reunión cara a cara entre Pareja y Romo en los próximos días para definir si hay recomposición o un cambio de rumbo.

Estrategia electoral y ruido político
El trasfondo de la interna tiene impacto directo en la estrategia electoral. La cumbre prevista para el 25 de abril en Suipacha, impulsada por Karina Milei, busca ordenar un armado que todavía muestra debilidad territorial frente al peronismo que gobierna Axel Kicillof.
El objetivo es ambicioso: estructurar el partido en los 135 municipios, avanzar con la Escuela de Formación Política y empezar a delinear la hoja de ruta hacia 2027. En ese paquete aparecen la Boleta Única de Papel, la posible eliminación de las PASO y hasta una reforma constitucional que incluya la unicameralidad.
Sin embargo, las tensiones internas condicionan esa planificación. La falta de cohesión complica la instalación de una agenda consistente y debilita la capacidad del espacio para mostrarse como alternativa sólida en el principal distrito del país.
A eso se suma el impacto del escándalo que envuelve al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que obliga al oficialismo a intentar recuperar iniciativa política en un contexto adverso. En ese marco, la avanzada sobre reformas electorales aparece también como una maniobra para correr el foco.
Donde la disputa no se disimula es en el plano digital. La militancia alineada con Santiago Caputo y operadores como Daniel Parisini apuntan contra el sector de Pareja, al que acusan de representar prácticas de la “casta” y de arrastrar pasado peronista. Del otro lado, relativizan ese frente de conflicto y sostienen que no forma parte de la estructura partidaria formal.
La escena en el Senado, con la presencia de Francisco Adorni y el silencio como respuesta ante las consultas de los medios, termina de completar un cuadro donde las señales políticas son más elocuentes por lo que no ocurre que por lo que se muestra.

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