Con la CGT y los Moyano, Kicillof arma su andamiaje 2027

El respaldo gremial se ensancha con señales de las CTA, mientras el gobernador empieza a salir de Buenos Aires y se anima a disputar volumen en territorios hostiles, como Córdoba, donde pondrá a prueba su armado con el aval de Héctor Daer y otros pesos pesados del gremialismo.
 
 
 
 
Política07 de mayo de 2026Mariana PortillaMariana Portilla

Kicillof CGTAxel Kicillof suma músculo sindical a su armado. 

Axel Kicillof empieza a dejar atrás la ambigüedad y avanza en la construcción de una candidatura presidencial para 2027 con un anclaje cada vez más definido: territorio, gestión y apoyo de los gremios. El movimiento no es menor. En distintos sectores del mundo del trabajo ya no hay dudas sobre el rol que puede ocupar en la etapa que viene. Bajo esa mirada, el gobernador empieza a consolidarse como una figura de recambio dentro del peronismo, con capacidad para sintetizar una nueva etapa política.

Detrás de esa construcción aparecen nombres de peso. Desde la CGT, referentes como Octavio Argüello ya muestran sintonía con el mandatario bonaerense. A ese esquema se suman los dirigentes de las dos CTA, Hugo Yasky y Hugo “Cachorro” Godoy, y el secretario general del gremio de Sanidad, Héctor Daer, mientras que el diputado nacional, Hugo Moyano hijo, también empuja la proyección presidencial.

La foto más reciente en la gobernación bonaerense terminó de consolidar ese entramado. Kicillof, junto a su ministro de Trabajo Walter Correa, reunió a referentes de todas las centrales obreras para discutir el impacto de la reforma laboral impulsada por el gobierno nacional. El encuentro incluyó a Argüello, Godoy, Yasky, Daer, Roberto Baradel y Oscar de Isasi, en una postal poco habitual por su amplitud.

En ese marco, el gobernador endureció su discurso contra la Casa Rosada. Advirtió que existe un intento de avanzar sobre las competencias provinciales en materia laboral y cuestionó el rumbo de la política económica. También planteó la necesidad de construir un bloque de provincias que funcione como contrapeso frente al gobierno nacional.

Entre el respaldo y la cautela

Aunque el apoyo sindical crece, no todos dentro del movimiento obrero se mueven con la misma velocidad. Mientras algunos dirigentes consideran que Kicillof reúne las condiciones para encabezar una alternativa, otros piden prudencia y advierten que el escenario todavía es abierto.

En la sede de Azopardo conviven esas dos miradas. Por un lado, hay quienes impulsan su candidatura como parte de una renovación del peronismo. Por otro, aparecen voces que llaman a bajar la intensidad de la interna y evitar definiciones prematuras.

También circula otra lectura, más incómoda: dentro del peronismo sostienen que parte del respaldo a Kicillof no responde sólo a convicción, sino también al rechazo que genera la figura de Cristina Kirchner en algunos sectores. Esa hipótesis es rechazada por quienes promueven al gobernador, que hablan directamente de un cambio de etapa.

En paralelo, Kicillof avanza en la construcción del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), con especial foco en su rama Trabajo. En esa tarea, el vínculo con el clan Moyano resulta clave.

En las reuniones con Hugo Moyano, Hugo Moyano (hijo), Jerónimo Moyano y Octavio Argüello se discutieron la coyuntura económica, el escenario político y la necesidad de estructurar un espacio que articule al sindicalismo dentro del esquema del oficialismo bonaerense.

El MDF ya tiene otras expresiones activas —como Universidad, Educación o Salud— y busca consolidarse como una herramienta de acumulación política con representación sectorial.

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Córdoba como ensayo de expansión

El desembarco en Córdoba aparece como el próximo test. Kicillof participará del Congreso de FATSA en La Falda junto a Daer, en un territorio históricamente esquivo para el kirchnerismo.

La actividad funcionará como un termómetro político. No sólo por la convocatoria sindical, sino porque permitirá medir hasta dónde llega la proyección del gobernador fuera de Buenos Aires y qué dirigentes están dispuestos a alinearse en esta etapa. Ya confirmaron su presencia el titular de ATSA Córdoba, Ricardo López; Héctor “Moncho” Morcillo, referente de la industria alimenticia; el bancario Ezequiel Morcillo; la secretaria general de la CGT Córdoba, Ilda Bustos; y el dirigente docente Juan Monserrat.

También se espera la participación del histórico Rubén Daniele, del sindicato de municipales, mientras otros gremios aún mantienen cautela por su vínculo con el gobernador Martín Llaryora y las negociaciones salariales en curso. 

Todo este movimiento ocurre en paralelo a una interna peronista cada vez más visible. Las discusiones sobre candidaturas, liderazgos y mecanismos de selección empiezan a escalar.

Desde el sindicalismo ya se escucharon planteos a favor de resolver esas tensiones en elecciones internas, mientras que los cruces entre dirigentes de la CGT y Máximo Kirchner reflejan un clima que se recalienta. En un acto por el Día del Trabajador en Cañuelas, el diputado nacional apuntó directamente contra la dirigencia gremial con un discurso cargado de reproches. Vinculó cualquier intento de unidad del peronismo con el reconocimiento explícito a las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner y advirtió que, sin ese punto de partida, un acuerdo electoral “se vuelve inviable”.

“Obvio que necesitamos una síntesis, una unidad para enfrentar este modelo económico. Pero con este tipo de situaciones y miserias se hace muy difícil”, lanzó, en alusión a la ausencia de menciones a ambos expresidentes en el acto de la CGT en Plaza de Mayo. También fue más allá y cuestionó el rol del sindicalismo en la defensa de los trabajadores: “Necesitamos que los compañeros de la CGT recuperen el coraje para defender a los trabajadores y las trabajadoras argentinos”. Incluso dejó una advertencia política hacia adentro del espacio: “Ahí vamos a hacer la unidad; no va a haber nunca un pero si ponen por delante los intereses de la mayoría”.

Las críticas no quedaron ahí. El líder de La Cámpora también cuestionó las omisiones en clave histórica: “Se olvidaron de nombrar a Cristina, quien se puso al frente en momentos durísimos para la gente”, afirmó, y agregó: “Vaya a saber por qué, por miseria o berretada política, no los nombran”. En ese tono, planteó una inquietud que resonó en la interna: “¿Qué dirigente va a tener ganas de dar la pelea si a los que la dan los tiran por la ventana y se olvidan de nombrarlos?”.

La respuesta no tardó en llegar desde la central obrera. Octavio Argüello, uno de los secretarios generales de la CGT, recogió el guante y salió al cruce con dureza: “¿Quién es Máximo Kirchner para decirnos a la CGT qué tenemos que hacer? Es un compañero más”. La réplica expuso el nivel de fricción entre ambos sectores y dejó al descubierto una disputa de liderazgo que atraviesa al peronismo en plena reconfiguración.

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