El semáforo de las economías regionales: ocho actividades operan con rentabilidad negativa
Juan Manuel Villarreal
Las economías regionales continúan atravesando un escenario de rentabilidad comprometida por el estancamiento de los precios al productor, el aumento de los costos operativos y la debilidad de la demanda interna. El último Semáforo de Economías Regionales elaborado por Coninagro ubicó ocho actividades en rojo, siete en amarillo y solo cuatro en una situación favorable.
El relevamiento, correspondiente a mayo de 2026, no registró cambios frente al mes anterior. Sin embargo, esa estabilidad no representa una recuperación: la mayor parte de las cadenas productivas sigue enfrentando dificultades estructurales que reducen sus márgenes e impiden consolidar nuevas inversiones.
El presidente de Coninagro, Lucas Magnano, reconoció que la realidad del sector no es uniforme. Según explicó, existen actividades con señales positivas y otras que todavía atraviesan serias complicaciones.
“Hay actividades que están bien, que están con brotes verdes o dando nuevos horizontes”, afirmó. Al mismo tiempo, admitió que otras producciones “sin lugar a dudas” presentan dificultades.
Los precios no acompañan el aumento de los costos
El componente económico volvió a ser el principal factor que explica el deterioro de numerosas cadenas. En muchas producciones regionales, los valores que reciben los productores permanecieron prácticamente estancados o crecieron por debajo de la inflación y de los costos operativos.
La combinación reduce la rentabilidad y limita la capacidad de inversión de los establecimientos, especialmente en actividades con una fuerte incidencia de los costos laborales, energéticos, logísticos y de los insumos.
El informe también considera la evolución productiva, la superficie implantada, los niveles de stock, las exportaciones, las importaciones y el comportamiento del consumo interno.
Magnano evitó ofrecer una definición general sobre si el campo atraviesa una situación favorable o negativa. “Todo es relativo en la vida”, expresó, y señaló que las condiciones cambian según la producción y la región analizada.
Como ejemplo, mencionó zonas del norte de Santa Fe y del este de Santiago del Estero que enfrentan un escenario desfavorable. En esos casos, atribuyó parte de las dificultades a factores climáticos externos al Gobierno nacional.
Ocho producciones continúan en rojo
La yerba mate, el arroz, el vino y mosto, las hortalizas, el algodón, el maní, la lechería y la mandioca fueron clasificadas en rojo.
En la mayoría de estos sectores, los ingresos no alcanzan para compensar el incremento de los costos. Algunas actividades también sufren problemas vinculados con la demanda, la pérdida de competitividad y la menor dinámica de determinados mercados.
La situación afecta especialmente a pequeñas y medianas explotaciones y a producciones con una fuerte incidencia territorial. Estas actividades generan empleo, sostienen cooperativas y abastecen cadenas industriales y comerciales en numerosas localidades del interior.
La persistencia de márgenes negativos repercute además sobre proveedores, transportistas, industrias procesadoras y comercios relacionados con la actividad agropecuaria.
Siete actividades permanecen en zona de alerta
La actividad forestal, el tabaco, los cítricos dulces, las peras y manzanas, las aves, los porcinos y la papa fueron ubicados en amarillo.
Estas cadenas mostraron indicadores mixtos y algunas mejoras parciales, pero todavía no consiguieron consolidar una recuperación. Los precios no acompañaron plenamente a la inflación, la demanda mantuvo poco dinamismo y los costos continuaron elevados.
En verde quedaron los bovinos, los ovinos, los granos y la miel. Estas producciones registraron una evolución más favorable de los precios y mejores indicadores productivos y comerciales.
No obstante, el informe advirtió que los granos enfrentan una señal de alerta por la suba de los fertilizantes nitrogenados y del gasoil. También aclaró que los granos y los bovinos poseen una escala nacional que los diferencia de las economías regionales en sentido estricto.

El consumo interno y las importaciones, entre las preocupaciones
Magnano sostuvo que una parte importante del sector productivo depende del mercado interno y que la retracción del consumo condiciona la recuperación.
“Hay muchas actividades del sector productivo cuyo principal mercado es el interno”, explicó. En ese sentido, señaló que las dificultades pueden responder tanto a decisiones políticas como a cambios en los hábitos de consumo.
El titular de Coninagro también admitió que la apertura de importaciones puede representar un problema para algunas producciones. Sin embargo, evitó atribuirle toda la responsabilidad por el deterioro sectorial.
“Puede ser que las importaciones sean un punto complicado”, expresó. Luego utilizó el caso del vino, una de las actividades que permaneció durante más tiempo con indicadores negativos, para destacar el impacto de la caída del consumo y la falta de mercados externos suficientemente desarrollados.
Magnano comparó la situación argentina con la de Chile, que logró consolidar destinos internacionales para vender vinos con mejores condiciones arancelarias.
El respaldo al Gobierno convive con los reclamos
Pese a las dificultades, el presidente de Coninagro afirmó que una parte del campo recibió favorablemente algunas decisiones del Gobierno de Javier Milei.
“Hay una gran parte del campo, de la producción, que ha encontrado medidas certeras. Medidas que fueron acertadas”, sostuvo.
Al mismo tiempo, reconoció que todavía existen problemas pendientes en diversas actividades. La posición refleja un vínculo atravesado por matices: el respaldo a determinadas políticas económicas convive con reclamos por rentabilidad, consumo, competitividad y apertura comercial.
La situación tampoco es homogénea dentro del sector. Mientras algunas producciones muestran mejores precios y perspectivas, otras continúan acumulando dificultades sin una solución inmediata.
El último relevamiento de Coninagro confirma que la recuperación todavía no alcanza a la mayoría de las economías regionales. Los costos elevados, los precios rezagados y el debilitamiento del mercado interno mantienen bajo presión a numerosas actividades, aun cuando parte de la dirigencia rural conserva una valoración favorable sobre algunas medidas del Gobierno.

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