Peronismo para armar: del “nuevo Kicillof” que vio Massot a la batalla que se viene en el PJ
Mariana Portilla


“Me encontré con una persona diferente”. La frase de Nicolás Massot no fue casual ni menor. Al describir la reunión que mantuvo días atrás con Axel Kicillof, el diputado nacional de Encuentro Federal trazó una línea divisoria entre el actual gobernador bonaerense y aquel ministro de Economía de Cristina Fernández.
“En parte, la conversación que fuimos a buscar, fue tratar de entender si el paso del tiempo y determinadas autocríticas permiten un diagnóstico más parecido”, explicó Massot, dejando en claro que el encuentro tuvo un objetivo político concreto: medir si hay margen para construir coincidencias hacia adelante.
La conclusión, al menos en términos personales, fue contundente. “Hoy tiene que gestionar una provincia con muchísima escasez, con el desempleo creciendo. Lo vi con los pies más sobre la tierra”.
El planteo del diputado no se agota en lo personal. En realidad, funciona como una señal hacia el conjunto de la dirigencia opositora. La posibilidad de construir una alternativa política —uno de los ejes centrales de su discurso— requiere, según su mirada, interlocutores dispuestos a revisar sus propias experiencias.
En ese sentido, el “nuevo” Kicillof que describe Massot aparece como una figura potencialmente más permeable a acuerdos. Aunque el propio legislador se encargó de poner límites: “No se habló de cuestiones electorales. Así como me junto con otros diputados, uno sostiene los vínculos; más adelante, se verá”.
Esa aclaración es clave. Marca que, por ahora, el vínculo se mantiene en el terreno del diálogo político y no en el de las alianzas. Pero al mismo tiempo deja abierta una puerta a futuro, en un contexto donde las fronteras entre oficialismo y oposición empiezan a reconfigurarse.

En paralelo a su mirada sobre Kicillof, Massot volvió a cargar con dureza contra el gobierno de Javier Milei. “Ninguno de los comportamientos tiene criterios absolutos, no hay criterios de cómo debe ser la ética pública”, afirmó, al tiempo que cuestionó la falta de coherencia entre el discurso anticorrupción y la gestión.
“Milei no cumplió hasta ahora con esto de que le iba a cortar la mano a los corruptos”, agregó, en una de las frases más contundentes de su análisis. También apuntó contra el enfoque económico del oficialismo.
“Hay gobiernos que increíblemente creen en la teoría del derrame y la mano invisible, como si todo fuera a resolverse solo. Sabemos que eso no es así”, sostuvo. Y completó con una crítica directa al impacto social: “En el medio, la gente se queda sin empleo y sin llegar a fin de mes”.
El PJ acelera su carrera con múltiples nombres
Mientras tanto, el peronismo avanza en su propia dinámica interna. Juan Grabois ya se lanzó como precandidato presidencial y busca instalar la discusión programática. Axel Kicillof, sin formalizar su candidatura, se posiciona como el principal dirigente opositor con proyección nacional.
Sergio Massa, por su parte, mantiene un perfil bajo pero activo, cumpliendo un rol de articulador entre los distintos sectores. La convivencia de estos liderazgos refleja un escenario abierto, atravesado por tensiones pero también por la necesidad de construir una síntesis.
El eje planteado por Massot —primero el diagnóstico, después los nombres— aparece como una deuda pendiente dentro del PJ, donde la discusión sobre candidaturas avanza más rápido que la definición de un programa común.
En ese contexto, la reunión entre Kicillof y Massa en la Gobernación bonaerense sumó un elemento de equilibrio. Sin exposición pública, el encuentro funcionó como una señal de unidad en medio de la fragmentación.
Ambos dirigentes analizaron la situación económica y las perspectivas políticas, en un escenario donde la presión sobre las provincias se intensifica. Aunque no hubo definiciones concretas, el mensaje fue claro: sostener la cohesión interna frente a un contexto adverso.

La proyección internacional y la interna en paralelo
El viaje de Kicillof a España refuerza su estrategia de proyección. La búsqueda de financiamiento para la Provincia se combina con una agenda política que lo posiciona en el plano internacional.
Sin embargo, ese movimiento también expone las tensiones internas del peronismo. La decisión de Cristina Kirchner de enviar una delegación propia del PJ marca diferencias que todavía no logran saldarse.
En paralelo, los intendentes bonaerenses comienzan a mover sus fichas en la carrera por la sucesión provincial, mientras otros sectores del peronismo definen sus propios liderazgos.
En este escenario, las palabras de Massot adquieren una dimensión mayor. Su lectura sobre Kicillof —“no es el mismo que cuando era ministro”— no sólo describe una evolución personal, sino que también plantea una condición para el futuro: la necesidad de construir acuerdos sobre bases más realistas.
El peronismo, mientras tanto, sigue en proceso de redefinición. Y en ese camino, cada gesto, cada declaración y cada movimiento político empieza a delinear el mapa de una disputa que ya tiene en la mira el 2027.

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