El mapa del PJ: tribus, tregua y poder en construcción
Mariana Portilla


El peronismo parece haber encontrado, en la debilidad del oficialismo nacional, una oportunidad que hace apenas meses no tenía: ordenar su propia interna sin necesidad de saldarla. Nadie resolvió las diferencias de fondo, pero casi todos coinciden en algo más urgente: sostener una alternativa competitiva frente al gobierno de Javier Milei.
En ese marco, la figura de Axel Kicillof se consolida como eje ordenador, aunque todavía lejos de ser un punto de síntesis definitivo. Su crecimiento no es casual: combina gestión en un contexto adverso, presencia territorial y una estrategia de proyección internacional que lo posiciona como referencia opositora.
El viaje del gobernador bonaerense a Europa, con agenda en España y participación en foros progresistas, no es un hecho aislado. Forma parte de un intento deliberado por mostrarse como una alternativa política con volumen internacional, en contraste con el alineamiento del gobierno nacional.
La estrategia tiene dos capas. Por un lado, la búsqueda de financiamiento e inversiones para la provincia de Buenos Aires. Por otro, la construcción de un perfil político que lo ubique como la contracara del modelo libertario.
En paralelo, su conducción del PJ bonaerense refuerza ese posicionamiento. Con el respaldo de Máximo Kirchner en el armado partidario —aunque con tensiones latentes—, Kicillof logró algo que el peronismo no tenía: una estructura relativamente ordenada en su principal distrito electoral.
Sin embargo, el liderazgo del gobernador está lejos de ser indiscutido. La decisión de Cristina Fernández de Kirchner de mantener autonomía política —incluso con gestos como el envío de delegaciones propias a eventos internacionales— marca que la unidad es más táctica que estratégica.
El peronismo, en este punto, funciona como un sistema en equilibrio inestable: conviven liderazgos múltiples que todavía no encontraron un mecanismo claro de resolución.
La tregua interna: necesidad antes que convicción
La reaparición de Sergio Massa como articulador es una de las claves del momento. Sin exponerse como candidato, mantiene canales abiertos con todos los sectores, desde gobernadores hasta intendentes. El encuentro con Kicillof en La Plata, así como la dinámica de diálogo sostenido, reflejan una decisión compartida: evitar una ruptura prematura.
En ese esquema, los intendentes juegan un papel central. La movilización masiva frente al Ministerio de Economía, encabezada por Fernando Espinoza y Gabriel Katopodis, mostró una foto que el peronismo necesitaba: volumen político con capacidad de acción coordinada.
La tregua interna tiene una explicación concreta: el contexto. El ajuste fiscal, la caída de recursos coparticipables y el impacto social de las políticas nacionales generan un escenario donde la confrontación interna pierde sentido táctico. El oficialismo funciona, en los hechos, como un “enemigo común” que disciplina. No resuelve las diferencias, pero las posterga.

El mapa del peronismo: múltiples tribus, un mismo horizonte
Mientras Buenos Aires ordena, el interior observa. Figuras como Ricardo Quintela emergen como articuladores de un peronismo más federal, con diálogo abierto con distintos sectores.
Sin embargo, uno de los problemas estructurales del peronismo sigue vigente: la discusión de nombres avanza más rápido que la definición de un programa común. La irrupción de Juan Grabois como precandidato y la proyección de Kicillof conviven sin una hoja de ruta compartida.
En ese marco, el diputado nacional de Unión por la Patria puso el foco en los mecanismos de definición interna y reclamó mayor participación de la militancia: cuestionó que la representación política se resuelva de manera “relativamente arbitraria” y planteó la necesidad de abrir el debate a las bases del movimiento nacional y popular.
Según su mirada, las candidaturas deberían surgir no solo de acuerdos entre dirigentes sino también de los simpatizantes y votantes, y defendió la importancia de sostener instancias de competencia como las PASO: “Tiene que haber alguna forma de dirimir, y la mejor son las PASO, que parece que las quieren sacar”, advirtió.
La convivencia entre kirchnerismo, massismo, peronismo federal y movimientos sociales refleja esa complejidad. No hay un liderazgo único ni una narrativa cerrada, pero sí una coincidencia básica: la necesidad de volver a ser opción de poder.
El peronismo no está unificado, pero tampoco fragmentado como meses atrás. Se mueve en una zona intermedia donde la competencia interna coexiste con una estrategia de contención.
La figura de Kicillof crece, Massa ordena en las sombras, Cristina mantiene centralidad y el resto de los actores busca posicionarse sin romper el equilibrio.
El resultado es un espacio en reconfiguración permanente, donde cada movimiento —una reunión, un viaje, una declaración— forma parte de una disputa más amplia. Una disputa que, aunque todavía sin reglas claras, ya tiene horizonte: el 2027.

La apuesta sanitaria de Kicillof: un nuevo sistema y un laboratorio estatal en busca de votos

Salud mental, infraestructura y seguridad: el informe de la oposición que abre interrogantes sobre las escuelas de PBA

Aportes sindicales: el Gobierno habilitó fondos, pero redujo la base de cálculo

La Justicia le da la razón a un municipio bonaerense y acorrala a Milei por el deterioro de las rutas nacionales

Del freno nacional al rescate bonaerense: la pulseada por la obra pública y las viviendas que quedaron abandonadas

La Iglesia y Kicillof sellaron una foto de alto voltaje con un mensaje a Milei

La CGT, las CTA y la UTEP consolidan un frente común con el paro general en debate

El informe de 180 páginas que deja a Adorni ante su primera explicación judicial


Boca-O’Higgins por la Sudamericana: fecha, árbitro y refuerzos

Mundial 2030: dónde se jugará, las fechas y la incógnita por los 64 equipos




