Semana intensa en la Cámara alta: comisiones, recinto y señales de alerta
Andrés MonteroDespués de varios días de baja intensidad, entre legisladores fuera del país y un feriado que le permitió al oficialismo evitar sobresaltos, el Senado volverá a mostrar movimiento. La Cámara alta tendrá actividad concentrada entre mañana y el jueves, con reuniones de comisión y una sesión que aparece casi asegurada, aunque sin un temario de alto impacto político.

En ese esquema, la principal urgencia de La Libertad Avanza pasa por llevar al recinto un acuerdo entre el Estado argentino y dos holdouts por USD 171 millones. El objetivo es aprobarlo y enviarlo cuanto antes a Diputados, ya que el entendimiento vence a fin del corriente mes. Por eso, más que una agenda ambiciosa, el oficialismo busca resolver un expediente puntual y evitar complicaciones.
La definición quedará para Labor Parlamentaria
La sesión terminará de confirmarse recién el miércoles 11, cuando se reúna Labor Parlamentaria en el despacho de la vicepresidenta y titular del Senado, Victoria Villarruel. Allí, los jefes de bloque definirán el temario y el margen real que tendrá el oficialismo para avanzar.
Además del acuerdo con los holdouts, LLA quiere incluir la ley de “inviolabilidad de la propiedad privada”. Sin embargo, la iniciativa llega bastante debilitada: la oposición “friendly” recortó buena parte del texto impulsado por Patricia Bullrich, que quedó sin demasiadas herramientas ni margen político. La Casa Rosada sigue de cerca esa dinámica de concesiones, que ya empieza a mostrar costos hacia adentro y hacia afuera del bloque libertario.
Otro punto pendiente será determinar si los pliegos judiciales dictaminados finalmente bajarán al recinto. El tema quedó atravesado por las últimas maniobras del oficialismo, que en lugar de ordenar el escenario terminó sumando nuevos problemas a una agenda que ya venía sensible.
Aliados contenidos, pero cada vez menos cómodos
Por ahora, el Gobierno conserva una ventaja: sus aliados no muestran voluntad de volver a una confrontación abierta con el Ejecutivo. A eso se suma un cristinismo dividido, que tampoco logra capitalizar con claridad las tensiones que atraviesan a los dialoguistas.
Sin embargo, el clima ya no es el mismo. En varios despachos empiezan a acumularse señales de malestar por compromisos que Balcarce 50 —y también Bullrich— no terminó de cumplir. La incomodidad se nota entre legisladores que acompañan acuerdos y luego sienten que el oficialismo modifica las reglas sobre la marcha.
En ese marco, crece una pregunta que se repite incluso entre sectores cercanos: qué estrategia busca desplegar LLA. Las internas libertarias tampoco ayudan a despejar el panorama y, en muchos casos, aparecen más cargadas de ruido que de conducción política.
Reforma política en pausa y prioridades llamativas
Una muestra de esas contradicciones se ve en la comisión de Asuntos Constitucionales, bajo control del mileísmo. Allí quedó prácticamente congelada la reforma política enviada por la Casa Rosada, que incluía temas de peso como la eliminación de las PASO, cambios profundos en el funcionamiento de los partidos, la extensión de la Boleta Única y Ficha Limpia.
En lugar de avanzar con ese paquete, la comisión fue convocada para tratar este miércoles el proyecto “Horajasca”, destinado a eliminar 70 normas antiguas y que ya fue aprobado por Diputados hace menos de 15 días. La elección de prioridades no pasó inadvertida y genera ironías en distintas oficinas del Congreso.
Convenios, ludopatía y salud mental
La actividad en comisiones también incluirá plenarios para avanzar con dictámenes sobre convenios internacionales que ya tuvieron aval de la Cámara baja. Son expedientes sin demasiado ruido político y más fáciles de encauzar para una mayoría que busca evitar tropiezos.
Distinto es el caso de la ludopatía, tema que ingresó hace pocos días y no aparece con el mismo impulso. También continúa en conversaciones el proyecto que modificaría la ley de salud mental, una discusión mucho más delicada para la que se pretende construir el mayor consenso posible en todo el Senado. Por ahora, ese objetivo luce muy difícil.
Otros asuntos aparecen y se diluyen con rapidez, como la postergada discusión sobre el cierre de minas o el etiquetado frontal. En cambio, sí despertó atención la convocatoria conjunta de las comisiones de Energía y de Presupuesto y Hacienda para analizar pasado mañana la agenda de biocombustibles, un tema que suele funcionar como punto de negociación para atraer a los sectores más dubitativos.
Energía, zonas frías y el peso político del tarifazo
Mientras la reforma política permanece en pausa, otro proyecto sensible avanza en paralelo: el que revierte una parte del esquema de “zonas frías” y busca ordenar el descalabro energético que, en su momento, empujó Máximo Kirchner. La novedad que incorporó el Gobierno fue la creación de “zonas calientes”, una salida pensada para cerrar acuerdos con mandatarios provinciales.
La maniobra, sin embargo, no despeja todos los problemas. Algunas bancadas están molestas porque quedarán inevitablemente asociadas al “tarifazo” junto con la administración central. Ese costo político incomoda a legisladores que, aun dispuestos a negociar, no quieren aparecer pagando el precio completo de una decisión del Ejecutivo.
Pliegos, ATN y guiños para sostener acuerdos
En este contexto, el oficialismo necesita ofrecer señales para mantener alineados a sus socios parlamentarios. El posible envío de un nuevo lote de pliegos judiciales desde Balcarce 50, sobre todo aquellos que interesen a sectores dialoguistas, aparece como una de las cartas disponibles.
También se mencionan eventuales gestos sobre iniciativas trabadas y el giro de Aportes del Tesoro Nacional hacia distritos amigos. Son incentivos pensados para contener a aliados que, según se quejan, cumplen con acuerdos que luego el propio oficialismo y Bullrich no siempre respetan.
La diferencia con las sesiones extraordinarias de diciembre y febrero pasado sigue presente en la memoria de varios bloques. Esta vez, el Gobierno intentará transitar una semana con volumen legislativo, pero sin abrir frentes que no pueda controlar. La prioridad será sacar lo urgente, evitar leyes sin votos y administrar una relación cada vez más delicada con los sectores que todavía le permiten sostener mayoría.

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