La brecha que alarma al sistema previsional: 34 aportantes para pagar un haber
Juan Manuel Villarreal


El crecimiento del monotributo como modalidad de inserción laboral está modificando la estructura de financiamiento del sistema previsional argentino. Actualmente se necesitan casi 34 monotributistas para cubrir una jubilación promedio, mientras que bastan 3,5 trabajadores asalariados registrados para financiar el mismo haber.
El dato surge de un informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), que advirtió sobre el impacto que tienen los bajos aportes del régimen simplificado, la pérdida de empleo formal, la informalidad y el envejecimiento de la población sobre la sustentabilidad de las jubilaciones.
La diferencia también se observa al comparar los aportes necesarios para financiar una jubilación mínima con bono. En ese caso, se requieren alrededor de 23 monotributistas o 2,4 trabajadores asalariados registrados.
Crece el monotributo mientras cae el empleo registrado
Desde noviembre de 2023 hasta abril de 2026 se incorporaron 150.158 trabajadores al monotributo, lo que representó un incremento del 7,4%, de acuerdo con datos desestacionalizados del Sistema Integrado Previsional Argentino.
En el mismo período, el empleo registrado perdió 329.667 puestos de trabajo, una caída del 3,2%. El mayor retroceso se produjo entre los trabajadores del sector privado, donde se eliminaron 235.419 empleos, equivalentes a una disminución del 3,7%.

Los trabajadores autónomos, en tanto, aumentaron en apenas 1.494 personas durante ese período, una variación del 0,4%.
La transformación del mercado laboral implica que una proporción creciente de los aportantes ingrese al sistema mediante esquemas con contribuciones considerablemente menores que las correspondientes a un salario formal.
La diferencia entre los aportes
El sistema previsional cuenta con unos 10,3 millones de aportantes que deben financiar alrededor de 7,5 millones de beneficios. El 74% de quienes aportan son trabajadores en relación de dependencia, mientras que el 26% restante corresponde a independientes.
Dentro de ese segundo grupo aparecen cerca de 2,2 millones de monotributistas. Su participación dentro del universo total de aportantes pasó del 9% en 1998 a más del 20% en marzo de 2026.

Sin embargo, ese crecimiento no se tradujo en una expansión equivalente de los recursos previsionales. Un trabajador asalariado aporta en promedio el equivalente al 11,2% de sus ingresos, mientras que un autónomo destina el 5,2% y un monotributista apenas el 1,1%.
En marzo de 2026, el aporte previsional promedio de un trabajador registrado alcanzaba los $187.098 mensuales. El correspondiente a un monotributista rondaba los $19.215, casi diez veces menos.
Las categorías más bajas concentran a los contribuyentes
La composición interna del monotributo también explica la diferencia. Más de la mitad de los contribuyentes que aportan al sistema previsional están inscriptos en la categoría A.
Además, casi dos tercios se concentran entre las categorías A y B, que corresponden a los niveles más bajos de facturación y, por lo tanto, realizan las menores contribuciones previsionales.
El régimen simplificado permitió incorporar a millones de trabajadores independientes a un esquema formal. Sin embargo, la reducción del empleo asalariado y el avance de modalidades laborales con aportes menores debilitan la relación entre los recursos que ingresan y las prestaciones que deben financiarse.
A esa situación se suma que el 44% de las personas ocupadas trabaja en la informalidad. Esto representa a más de nueve millones de trabajadores que no realizan aportes jubilatorios.
Más jubilados y menos recursos por aportante
El sistema también enfrenta una transformación demográfica. Las proyecciones oficiales indican que las personas de 65 años o más pasarán de representar el 12% de la población en 2022 al 17% en 2040.
El índice de envejecimiento también aumentaría de manera significativa. En 2022 había 55 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años, mientras que para 2040 esa relación llegaría a 115.
El resultado sería una doble presión: una mayor cantidad de personas en edad jubilatoria y una proporción creciente de trabajadores que realizan contribuciones previsionales más bajas.
Actualmente, los recursos provenientes de aportes personales y contribuciones patronales no alcanzan para financiar el gasto del sistema, que incluye jubilaciones contributivas, prestaciones obtenidas mediante moratorias, la Pensión Universal para el Adulto Mayor y los bonos extraordinarios.
El déficit del sistema previsional se ubica cerca del 2% del Producto Bruto Interno y requiere transferencias del Tesoro Nacional para cubrirse.
La pérdida de poder adquisitivo de los haberes
La presión sobre el financiamiento se produce en paralelo con una pérdida de poder de compra de las prestaciones. En los últimos tres años, el haber medio retrocedió un 13% en términos reales.
La jubilación mínima con bono, por su parte, perdió alrededor de un 20% de su capacidad adquisitiva durante el mismo período.
Además, cerca de un millón de personas mayores de 65 años continúa trabajando. Ese grupo representa aproximadamente el 4,6% del total de ocupados.
El informe plantea que una eventual discusión sobre una reforma previsional no debería limitarse a la edad jubilatoria o a los requisitos para acceder a una prestación. También debería contemplar la expansión de la informalidad, la caída del empleo asalariado y el crecimiento de esquemas laborales con aportes reducidos.

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