Bronca en la Cuenca del Salado: inundaciones, obras paralizadas y reclamos a Nación
Pamela Orellana
En el corazón productivo de la provincia de Buenos Aires, la paciencia de los productores agropecuarios parece haber llegado a su límite. En la Cuenca del Salado, una región estratégica para la economía bonaerense, el malestar crece al ritmo de las lluvias y la falta de respuestas concretas por parte del Gobierno Nacional.
Las inundaciones se repiten, los caminos rurales se transforman en ríos y los campos quedan intransitables. Pero más allá del drama hídrico, lo que arde es una bronca acumulada por años de promesas incumplidas y obras clave que, pese a haber sido declaradas prioritarias, hoy están paralizadas.
Un reclamo que se hace sentir
“El grito del Vallimanca se hace escuchar”, expresaron desde el Consejo del Salado, una entidad que reúne a CARBAP, la Sociedad Rural Argentina, Federación Agraria, Coninagro y la Unión Industrial Argentina. La frase no es sólo una metáfora: es el reflejo de una situación concreta que afecta a decenas de partidos del centro bonaerense.
El río Vallimanca, afluente del Salado, desborda con frecuencia, provocando anegamientos que afectan no sólo a la producción agropecuaria, sino también a los pueblos y parajes de la región. La obra de dragado en el tramo 4.2 –entre Roque Pérez y el puente de Ernestina a Elvira, en los partidos de 25 de Mayo y Lobos– está completamente detenida. Desde Carbap lo describen como un “capricho inexplicable” del Gobierno Nacional.
Asambleas y presión desde el territorio
Frente a esta situación, los productores activaron un estado de asamblea permanente. La semana pasada se realizó una multitudinaria reunión en Bolívar, y el próximo martes se espera otra en Saladillo. “Los productores esperan hace tiempo por las obras del Salado que nunca llegan”, advirtió Alberto Larrañaga, presidente del Consejo Asesor del Plan Maestro del Salado.
“Esta realidad muestra que la gente no puede esperar 50 años por obras que nunca llegan. Esto no es un eslogan, es la pura verdad. Las inundaciones se repiten y las obras van a paso de tortuga”, sostuvo el dirigente, que también coordina la Comisión de Aguas de CARBAP.
Un Plan Maestro que avanza a cuentagotas
El denominado “Plan Maestro del Río Salado” contempla una serie de obras estructurales y ramales secundarios que permitirían mitigar las inundaciones. Sin embargo, el freno en tramos clave del proyecto genera un efecto dominó que impide el avance del conjunto.

“Cada obra que se paraliza es una demora en todo el sistema. El Gobierno Nacional declaró prioritarias estas obras, pero luego las neutraliza. Es un contrasentido”, agregó Larrañaga, en diálogo con medios especializados.
Desde el Consejo Asesor remarcan que los recursos para retomar las obras están disponibles en el Fondo Hídrico Nacional, pero advierten que el Gobierno Nacional no cumple con los contratos asumidos. “Son obras calificadas como prioritarias. La necesidad está, los fondos están. No hay ninguna excusa válida para esta parálisis”, remarcaron.
Apoyo institucional y trabajo conjunto
El malestar no sólo se manifiesta en asambleas. También hay gestos institucionales que buscan visibilizar la gravedad del problema. El pasado miércoles, la Sociedad Rural de 9 de Julio fue sede de una reunión de la Zona 1 de CARBAP. Allí, dirigentes de diferentes rurales expusieron las problemáticas de sus distritos, con las inundaciones como tema central.
“Queríamos estar presentes en territorio y tratar un amplio temario que incluyó cuestiones clave como la quita del cepo cambiario y el eventual regreso de mayores retenciones al agro”, explicó Ignacio Kovarsky, titular de CARBAP.
El dirigente también destacó la importancia de respetar los carriles institucionales para elevar los reclamos. “Las personas pasan, pero las instituciones quedan. Son ellas las que dialogan con los gobiernos de turno. Nuestro compromiso es con la defensa del sector productivo, lejos de intereses individuales o contactos efímeros”, señaló.
El interior bonaerense pide respuestas
El reclamo de la Cuenca del Salado ya no es sólo técnico o sectorial. Es político y social. Los productores, respaldados por sus entidades, denuncian que las obras estructurales prometidas no llegan, mientras la productividad se hunde bajo el agua y los pueblos ven afectada su vida cotidiana.
El Consejo Asesor del Salado no descarta nuevas acciones si el Gobierno Nacional no da respuestas urgentes. “No queremos estar en los medios reclamando, pero nos obligan a hacerlo. La gente no puede esperar más”, advirtió Larrañaga.
Con la llegada del invierno y la persistencia de lluvias, el escenario se vuelve aún más preocupante. El grito del campo bonaerense, esta vez, parece decidido a no apagarse.

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