El Mundial suma presión sobre los dólares en el semestre más difícil para el BCRA
Pamela Orellana
El frente cambiario vuelve a entrar en una zona de mayor exigencia para el Gobierno. Después de un primer semestre sostenido por la liquidación del agro, el ingreso de deuda privada y las compras del Banco Central, el mercado empieza a mirar con más atención la segunda mitad del año, cuando la oferta de dólares suele aflojar y la demanda continúa elevada.
La foto de mayo mostró algo de alivio: las personas humanas compraron unos 1.804 millones de dólares netos en billetes, cerca de 20% menos que en abril. El dato marcó una moderación en plena calma cambiaria, pero no alcanzó para despejar las dudas sobre el tramo que viene. La demanda de divisas sigue siendo alta y aparece atravesada por varios factores: empresas, importadores, inversores, turismo y ahora también el Mundial.
El ministro de Economía, Luis Caputo, insiste en que “sobran” dólares y que el desafío es generar confianza para que ingresen al sistema formal. Del otro lado, analistas y consultoras advierten que el cambio de estacionalidad puede volver más ajustado el equilibrio cambiario.
Menos oferta y más demanda
Durante la primera parte del año, el Banco Central contó con una oferta extraordinaria de divisas. La cosecha gruesa, las emisiones de deuda corporativa y el ingreso de préstamos financieros ayudaron a sostener la disponibilidad de dólares y permitieron recomponer reservas. Ese colchón, sin embargo, empieza a perder fuerza con el avance del calendario.
La principal preocupación pasa por la segunda mitad del año. Con menor liquidación del sector agropecuario y una desaceleración de las colocaciones de deuda privada, el Banco Central dependerá más del ingreso de capitales, el financiamiento externo y el aporte de sectores como energía y minería.
El punto no es menor: en los próximos meses la economía seguirá demandando dólares para importaciones, ahorro, turismo, pagos privados y cobertura financiera. La discusión pasa por si esa demanda podrá ser abastecida sin que el Banco Central tenga que resignar parte de las compras logradas en el primer semestre o intervenir con más fuerza para contener la cotización.

El turismo sigue drenando divisas
Uno de los frentes más sensibles es el turismo emisivo. En el primer trimestre de 2026, el déficit turístico llegó a 3.184 millones de dólares. Aunque mostró una mejora interanual, el rojo continúa siendo significativo para la balanza de pagos y explica parte de la presión sobre las reservas.
El dato revela un problema persistente: muchos argentinos siguen viajando al exterior y gastando en dólares, mientras el turismo receptivo todavía no alcanza para compensar esa salida. Según estimaciones privadas, por cada 10 dólares que un argentino gasta afuera, entre 6,50 y 7,50 dólares impactan contra las reservas del Banco Central.
Ese flujo ayuda a entender por qué las compras de divisas del BCRA no siempre se traducen en una mejora equivalente de las reservas netas. Parte de los dólares que ingresan por exportaciones o financiamiento se van por servicios, turismo, pagos de deuda o demanda privada.
El Mundial agrega presión puntual
El Mundial de fútbol aparece como un factor adicional. Miles de argentinos viajarán a Estados Unidos para acompañar a la Selección y ese movimiento generará una demanda extra de dólares. Un informe privado estimó que podrían viajar unas 45.500 personas, con un gasto promedio de 10.000 dólares por persona.
La cuenta arroja una demanda potencial cercana a los 455 millones de dólares. De todos modos, el impacto neto podría ser menor, porque una parte de esos gastos reemplazaría viajes que ya estaban previstos para el receso de invierno. Aun así, el Mundial llega justo en el inicio de un semestre más delicado para las divisas.
La presión no depende solo de cuántos argentinos viajen, sino también de cuánto avance la Selección en el torneo. A mayor permanencia en competencia, más días de estadía, más consumo y más demanda asociada al turismo deportivo.

El Gobierno apuesta a compensar ese escenario con inversiones, exportaciones energéticas y mineras, financiamiento externo y eventuales ingresos vinculados al RIGI. En el primer cuatrimestre, minería y petróleo mostraron un aporte importante de divisas y aparecen como uno de los pilares para amortiguar la caída estacional del agro.
La incógnita es si ese flujo será suficiente para atravesar el segundo semestre sin mayores sobresaltos. Por ahora, mayo dejó una señal mixta: la demanda minorista de dólares bajó respecto de abril, pero se mantuvo elevada. Con menos oferta estacional, turismo en niveles altos y un Mundial que suma presión, el frente cambiario vuelve a quedar en el centro de la agenda económica.

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