Turismo bonaerense: menos noches, consumo en baja y un mapa desigual rumbo al verano 2027
Pamela Orellana


El turismo sigue movilizando a millones de personas en la provincia de Buenos Aires, pero la cantidad de viajeros ya no alcanza para explicar cómo funciona el sector. Las estadías se acortan, el gasto pierde fuerza y una misma temporada puede combinar destinos llenos con hoteles que no cubren sus camas y comercios que facturan menos. Esa transformación atraviesa los datos de 2026 y se proyecta sobre la preparación del próximo verano.
El informe “Turismo bonaerense 2023-2026”, elaborado por el Observatorio de Datos Estratégicos (ODE), presidido por Pedro Perrotta, describe justamente ese cambio: más peso de las escapadas, decisiones de último momento y una relación cada vez menos directa entre cantidad de visitantes y resultado económico. El sector representa alrededor del 5,2% del producto provincial, involucra unos 130.000 puestos de trabajo y reúne cerca de 11.000 empresas.

Los balances más recientes profundizan ese diagnóstico. Durante el verano 2025/26, la Provincia contabilizó 8,9 millones de turistas, unos 373.000 menos que en la temporada anterior y alrededor de 1,24 millones menos que en 2022/23. Además, la estadía promedio se redujo cerca de 6% y el gasto turístico mostró una fuerte retracción en los destinos costeros.
Para el ministro de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica bonaerense, Augusto Costa, allí aparece una de las principales señales del sector: no sólo viaja menos gente que en temporadas anteriores, sino que quienes salen permanecen menos tiempo y moderan sus gastos en alojamiento, gastronomía, entretenimiento y comercio.
Del verano al invierno: la misma señal en distintos momentos
El invierno confirmó que el fenómeno no estaba circunscripto a los meses de playa. El balance provincial posterior al receso contabilizó alrededor de 790.000 turistas, 11,5% menos que en 2025 y cerca de 22% por debajo de 2023.
El gasto total rondó los $320.000 millones y cayó aproximadamente 10% interanual. La ocupación hotelera promedio durante los fines de semana de las vacaciones fue de apenas 33,5%, 4,6 puntos porcentuales menos que el año anterior. En promedio, dos de cada tres camas disponibles quedaron vacías.
Las diferencias territoriales fueron amplias. San Pedro y Tapalqué lograron superar el 80% de ocupación, Balcarce llegó al 60% y Tigre al 58%. Mar del Plata, Pinamar, Chascomús, Carhué, Miramar y el Partido de La Costa se ubicaron entre 44% y 55%.

Villa Gesell mostró también esa heterogeneidad. Un relevamiento de 136 alojamientos registró un máximo distrital del 40% durante el mejor fin de semana: Mar de las Pampas llegó al 53%, Las Gaviotas y Mar Azul al 39%, mientras la ciudad cabecera alcanzó el 30%.
La subsecretaria de Turismo provincial, Soledad Martínez, describió además un comportamiento marcado por reservas sobre la fecha, cancelaciones condicionadas por el clima y familias que reducen gastos o directamente acortan sus viajes.
Escapadas cortas y destinos que funcionan a distintas velocidades
Los datos recopilados por el ODE permiten observar ese cambio con mayor detalle. La tradicional quincena pierde peso frente a viajes de tres, cuatro o cinco días, especialmente en destinos de cercanía.

Tandil ofrece uno de los ejemplos más claros. Durante Semana Santa alcanzó el 100% de ocupación, pero con fuerte rotación y numerosas familias que permanecieron apenas una o dos noches. En Marisol, las estadías habituales se redujeron a tres, cuatro o cinco días; en Pehuén Co se concentraron alrededor de tres o cuatro jornadas y en Claromecó rondaron entre cuatro y cinco noches.
La Costa Atlántica tampoco presenta una realidad uniforme. Mar del Plata recibió 3.141.472 turistas entre diciembre de 2025 y febrero de 2026, 3,7% menos que un verano antes, con una ocupación promedio del 50,7% y una caída del consumo sectorial cercana al 20%.
Villa Gesell llegó a 74% de ocupación en enero, pero los relevamientos marcaron una retracción del gasto cercana al 26%. El Partido de La Costa superó 1,3 millones de visitantes durante ese mes y registró una ocupación promedio del 72%.
El contraste volvió a aparecer durante el fin de semana largo de agosto. Tandil recibió más de 10.000 visitantes y alcanzó 90% de ocupación, mientras Mar del Plata quedó por debajo del 50% y Pinamar rondó el 45%.
A nivel nacional, ese feriado dejó otro dato que refleja el cambio de hábitos: viajaron 1.074.171 personas, 24,2% más que en el antecedente comparable de 2023, pero la permanencia promedio bajó de 2,3 a dos días y el gasto diario retrocedió 13,2% en términos reales. Más movimiento, en ese caso, tampoco significó mayor impacto económico.
El crecimiento de los alquileres temporarios agrega otra transformación. El relevamiento del ODE identificó miles de propiedades activas en plataformas digitales: 9.769 en Mar del Plata, 3.410 en Pinamar, 1.102 en Villa Gesell y 1.014 en Tandil, además de oferta significativa en Necochea y Monte Hermoso.

La preocupación ya llegó a municipios, empresarios y la política
El escenario se instaló durante septiembre y octubre en las discusiones previas a la temporada. En una reunión del Consejo Provincial de Turismo, funcionarios, intendentes, cámaras empresarias, sindicatos y universidades analizaron problemas de rentabilidad, hotelería, gastronomía y comercio.
Costa calificó la situación como una “crisis inédita” para la actividad y ratificó que la Provincia mantendrá políticas de acompañamiento a municipios y prestadores. El intendente de Villa Gesell, Gustavo Barrera, planteó dificultades concretas para hoteles, restaurantes y comercios; su par de Mar Chiquita, Walter Wischnivetzky, reclamó herramientas para estimular el mercado interno.

Desde General Alvarado, Sebastián Ianantuony comparó la ocupación actual con la de años anteriores y advirtió sobre la capacidad financiera con la que los empresarios llegarán a la nueva temporada luego de resignar márgenes para mantener abiertos sus establecimientos.
La advertencia también llegó al Congreso. Martínez sostuvo ante la Comisión de Turismo de Diputados que Buenos Aires, que concentra más del 40% del movimiento doméstico del país, viene atravesando temporadas consecutivas de deterioro y anticipó un escenario especialmente complejo para los próximos meses.
Los empresarios llevaron al mismo encuentro sus propias demandas. Hernán Szkrohal, presidente de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica de Mar del Plata, puso el foco en los establecimientos familiares, los costos y el menor nivel de ventas: “Cuando los costos se mantienen o aumentan y el consumo baja, no hay eficiencia que alcance”.
La discusión incluye también cómo promocionar los destinos. El senador del PRO Pablo Petrecca cuestionó que la Provincia no instalara su tradicional espacio institucional en la Feria Internacional de Turismo. El Ejecutivo bonaerense calculó que ese despliegue habría requerido cerca de $1.000 millones y resolvió reasignar el dinero a acciones promocionales directas y asistencia a municipios y prestadores.
A esa controversia se suma la diferencia con el Gobierno nacional. La administración de Axel Kicillof atribuye buena parte del deterioro del mercado interno a la pérdida de poder adquisitivo y a condiciones que favorecen los viajes al exterior. Costa informó que durante el primer semestre la diferencia entre argentinos que salieron del país y extranjeros que ingresaron rondó 3,5 millones de personas, con una salida estimada cercana a US$5.000 millones en la balanza turística.

Con esa secuencia de indicadores, la preparación de la próxima temporada ya no gira solamente alrededor de reservas y porcentajes de ocupación. Permanencia, gasto por visitante, rentabilidad empresaria y capacidad de sostener empleo pasaron al centro de la discusión, mientras Provincia, municipios y prestadores ajustan sus estrategias para los meses de mayor movimiento.

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