El Niño pone en alerta al campo bonaerense: suelos saturados, obras demoradas y una campaña bajo amenaza
Mariana Portilla


El campo bonaerense enfrenta los próximos meses con una combinación que eleva el riesgo productivo: napas cercanas a la superficie, suelos con escasa capacidad de absorción, caminos rurales deteriorados y obras hidráulicas que todavía no fueron terminadas. Sobre ese territorio comenzará a actuar El Niño, cuyo período de mayor intensidad está previsto entre finales de 2026 y comienzos de 2027.
La señal climática no permite asegurar que habrá inundaciones generalizadas ni determinar cuánto lloverá en cada municipio. Sin embargo, aumenta la posibilidad de precipitaciones superiores a las habituales sobre áreas que ya acumulan excedentes hídricos, especialmente en el noroeste, centro y sudeste de la provincia de Buenos Aires.
El seguimiento oficial ubica a Benito Juárez, Coronel Pringles, Pehuajó, Olavarría y Tres Arroyos entre los distritos que presentan los mayores excesos de lluvia respecto de sus registros medios. En otros puntos, como Hipólito Yrigoyen, Carlos Casares y 9 de Julio, entidades rurales también informan anegamientos, falta de piso y dificultades sobre los caminos.
El Gobierno bonaerense desplegó una mesa interministerial, contrató maquinaria y presentó un programa de obras, monitoreo y asistencia para coordinar acciones con los 135 municipios. El sector agropecuario reconoce la necesidad de esas medidas, pero cuestiona las demoras acumuladas en la infraestructura y advierte que el tiempo disponible para ejecutar intervenciones estructurales prácticamente se agotó.
La discusión quedó expuesta a partir de las declaraciones del presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP), Pablo Ginestet: “Estamos recontra preocupados porque no estamos en condiciones de afrontar un evento de las características que se están anunciando".
Qué probabilidad existe de un Niño extremo
Las diferentes cifras difundidas sobre El Niño requieren una precisión. No todos los porcentajes miden lo mismo ni significan que exista una probabilidad equivalente de inundación sobre la provincia de Buenos Aires.
El Ministerio de Desarrollo Agrario informó en junio que existía alrededor de un 90% de probabilidad de consolidación de la fase cálida del fenómeno durante el trimestre junio-julio-agosto. Ese indicador se refería a la formación de El Niño, no a que alcanzara necesariamente una intensidad extrema.
Un análisis publicado posteriormente por especialistas de la Universidad Nacional de La Plata, sobre la base de modelos del Centro de Predicción Climática de Estados Unidos, estimó en 63% la posibilidad de que el episodio sea muy fuerte entre noviembre de 2026 y enero de 2027.
Durante la presentación del plan provincial también se mencionaron probabilidades superiores al 90% sobre su fortalecimiento. Esos valores corresponden a pronósticos elaborados en momentos diferentes y con distintas categorías de análisis.
En ningún caso implican que exista un 90% o 95% de posibilidades de que todo el territorio bonaerense se inunde. La cantidad y distribución de las lluvias dependerán de la evolución del océano, la circulación atmosférica, la humedad previa, el Dipolo del Océano Índico y otros factores regionales.
La UNLP remarcó que un Niño muy fuerte no se traduce automáticamente en precipitaciones extremas en cada distrito. Como ejemplo, recordó que el episodio de 2015-2016 alcanzó una intensidad elevada en el Pacífico, pero durante enero coincidió con otra configuración atmosférica que inhibió las lluvias en parte de la región.
La señal, de todos modos, justifica la prevención: el sudeste de Sudamérica suele registrar precipitaciones superiores a lo habitual durante los episodios cálidos, especialmente entre la primavera y el comienzo del verano.
El fenómeno del Súper Niño puede tener manifestaciones muy graves y afectar a gran parte del territorio bonaerense, por eso anunciamos la creación de una mesa interministerial para coordinar al Estado provincial con los 135 municipios, desarrollar planes de contingencia y… pic.twitter.com/jdWCDQ1fw7
— Axel Kicillof (@Kicillofok) August 26, 2026
El campo llega con los suelos cargados
La preocupación no está determinada únicamente por lo que pueda llover. El punto de partida hídrico resulta tan importante como el pronóstico.
“Las napas en general están altas porque venimos con un evento de inundación que fue muy grande”, explicó Ginestet a Infocielo. El dirigente mencionó especialmente las situaciones de Hipólito Yrigoyen —cuya cabecera es Henderson—, Carlos Casares, 9 de Julio y Pehuajó.
El monitoreo provincial identifica condiciones críticas en sectores del noroeste, centro y sudeste bonaerense. La disponibilidad de humedad que puede resultar favorable en zonas altas se transforma en un riesgo cuando el suelo pierde capacidad de infiltración.
Los datos presentados por Infraestructura ubican entre los distritos con mayores excedentes respecto de sus registros medios a Benito Juárez, con 75,4%; Coronel Pringles, con 67,9%; Pehuajó, con 66,4%; Olavarría, con 65,4%; y Tres Arroyos, con 65%.
En Benito Juárez, por ejemplo, marzo acumuló alrededor de 303 milímetros, cerca del triple de su promedio histórico mensual. Abril volvió a registrar lluvias elevadas y consolidó perfiles cargados.
El principal cuestionamiento de Ginestet apunta al destino de los recursos y a la organización de la respuesta. “En general todos los planes y las reuniones que hay por esto de El Niño apuntan la mayoría a tener planes por si los problemas se dan en los cascos urbanos”, sostuvo.
La protección de las ciudades concentra buena parte de los protocolos de Defensa Civil porque allí se ubica la mayor densidad poblacional. El esquema contempla alertas tempranas, evacuaciones, centros de asistencia, rescates y sostenimiento de los servicios públicos.
Para CARBAP, ese abordaje debe complementarse con una estrategia productiva más robusta. Un campo anegado o un camino cortado puede dejar aisladas familias rurales, impedir el traslado de una ambulancia, interrumpir la salida de leche y animales o demorar la llegada de alimentos e insumos.

El plan de Kicillof y los $2,3 billones
El Gobierno bonaerense presentó una Mesa Interministerial para coordinar tareas con los 135 municipios. El esquema reúne a las áreas de Infraestructura, Ambiente, Seguridad, Desarrollo Agrario, Salud, Desarrollo de la Comunidad y otros organismos provinciales.
Como informó GRUPOLAPROVINCIA.COM, el plan de obras, prevención y respuesta anunciado por Axel Kicillof ubicó en $2,3 billones el conjunto de inversiones asociadas a la gestión del riesgo climático.
Esa cifra tampoco corresponde en su totalidad a nuevos recursos disponibles para la emergencia. Alrededor de $2,1 billones pertenecen al presupuesto plurianual de infraestructura, que incluye obras ya iniciadas, intervenciones proyectadas y trabajos con diferentes grados de avance.
El operativo incorpora un visor provincial destinado a concentrar información meteorológica e hidrológica. La plataforma deberá integrar las 42 estaciones vinculadas actualmente con Infraestructura y otras 208 licitadas o planificadas, además de los dispositivos aportados por municipios y universidades.
También fueron contratadas 33.850 horas de maquinaria, con una inversión de $5.700 millones, para saneamiento, limpieza y respuesta ante emergencias. El esquema se complementa con cooperativas encargadas de intervenir arroyos y canales.
Para el sector agropecuario, Desarrollo Agrario anunció recomendaciones técnicas, seguimiento mediante la Comisión de Emergencia y Desastre Agropecuario, asistencia crediticia y coordinación con municipios, comités de cuenca y entidades rurales.
El Salado, la obra que concentra todas las miradas
La discusión sobre infraestructura tiene su punto más sensible en el Plan Maestro Integral de la Cuenca del Río Salado, una obra estratégica para facilitar el escurrimiento en una región que abarca millones de hectáreas productivas.
Ginestet fue categórico: “La obra del Salado tenía que haber estado terminada hace diez años y le faltan diez años más”.
El proyecto fue dividido en etapas y subtramos que quedaron bajo diferentes esquemas de financiamiento. La Provincia sostiene que mantiene activos los sectores que se encuentran bajo su responsabilidad, mientras reclama a la Nación la continuidad de una etapa paralizada.
El problema de una obra incompleta es que el ensanchamiento del cauce en un sector no alcanza si el agua encuentra una capacidad menor pocos kilómetros después. El escurrimiento depende de la continuidad hidráulica y no solo de la cantidad total de kilómetros intervenidos.
Kicillof también reclamó la ejecución del Fondo de Infraestructura Hídrica, financiado mediante una porción del impuesto a los combustibles. El gobernador sostuvo que hay $293.000 millones sin utilizar, aunque esa cifra corresponde al fondo nacional completo y no a una deuda íntegra y exclusiva con Buenos Aires.
La Provincia exige recibir la participación que considera propia y que se retomen las obras comprometidas en territorio bonaerense.
Caminos rurales: una deuda que reaparece con cada lluvia
El segundo gran reclamo de CARBAP es el estado de la red vial rural. Buenos Aires cuenta con aproximadamente 120.000 kilómetros de caminos de tierra, cuya conservación depende mayoritariamente de los municipios.
La calidad de la gestión presenta fuertes diferencias entre distritos. Algunos utilizan consorcios, tasas específicas o acuerdos con entidades rurales; otros enfrentan falta de maquinaria, escasez de recursos y extensiones imposibles de cubrir con sus equipos actuales.
Ginestet destacó el trabajo realizado en Junín como una excepción positiva, pero afirmó que en buena parte de la Provincia la situación es crítica. “La realidad de los caminos en la mayoría de los municipios es lamentable; los productores agropecuarios están abandonados a como venga la lluvia”, planteó durante la Exposición de Ganadería, Industrial y Comercial de Junín.
Según el titular de CARBAP, después de las dificultades registradas el año pasado, el verano y el otoño ofrecieron una ventana que no fue aprovechada para reconstruir trazas, limpiar cunetas, reparar alcantarillas y levantar caminos.
“De acuerdo con los reportes que tenemos de las rurales en los municipios, han hecho poco y nada”, cuestionó.
La Provincia sostiene que mantiene programas de asistencia y financiamiento para fortalecer la infraestructura vial. Sin embargo, la magnitud de la red y las diferencias de gestión vuelven insuficiente cualquier respuesta uniforme.
Como analizó GRUPOLAPROVINCIA.COM en un informe sobre la urgencia climática y el reclamo por fondos para los caminos rurales, la discusión también alcanza el destino de las tasas viales municipales y la necesidad de contar con planes verificables de mantenimiento.

Las obras previstas para proteger la producción
El Gobierno bonaerense incluyó dentro de su planificación diez proyectos regionales de adaptación productiva, con una inversión estimada en $245.759 millones.
El paquete contempla intervenciones destinadas a mejorar el escurrimiento, proteger establecimientos agropecuarios y reducir la vulnerabilidad ante excesos de agua. Sin embargo, varias de esas obras todavía dependen de financiamiento o atraviesan distintas etapas administrativas.
También aparecen trabajos sobre el río Areco, canales provinciales y cuencas compartidas entre municipios. La Provincia habilitó además un mecanismo para evaluar y regularizar obras hidráulicas ejecutadas sin permiso cuando cumplen una función favorable para la retención o evacuación del agua.
La medida busca ordenar un escenario atravesado por canales particulares y movimientos de suelo realizados durante años sin autorización. Su incorporación no será automática: cada intervención deberá ser analizada por la Autoridad del Agua, Hidráulica, municipios y comités de cuenca.
En paralelo, el posible exceso hídrico también empieza a influir sobre las decisiones de la campaña 2026-2027. Los productores ubicados en zonas altas o históricamente afectadas por la falta de humedad observan el pronóstico con una expectativa diferente. Para ellos, una temporada lluviosa puede mejorar las condiciones de implantación y los rindes.
El panorama cambia en los campos con napas cercanas a la superficie o bajos anegados. Allí, cada lluvia puede reducir la posibilidad de ingresar con maquinaria y alterar la planificación.
“Hay mucha incertidumbre. Depende de la zona: donde no tenés riesgos o son zonas más altas, que generalmente tienen problemas por falta de lluvias, están muy contentos”, explicó Ginestet.
En las áreas más comprometidas, en cambio, los productores adoptan una posición cautelosa. La decisión no depende únicamente del clima. También pesan los costos, los precios agrícolas, el acceso al crédito y la presión impositiva.

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