El 75,6% de las pymes rechaza el rumbo económico y casi la mitad teme desaparecer
Mariana Portilla


Un nuevo relevamiento de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME) reveló que el 75,6% de las firmas consultadas rechaza el rumbo económico nacional, mientras que el 43,5% considera que su empresa corre riesgo de desaparecer si persisten las actuales condiciones.
Los resultados corresponden al tercer trimestre de 2026 y muestran un deterioro que alcanza tanto a la actividad comercial como a la producción, el empleo y el financiamiento. Más de la mitad de las empresas encuestadas informó una caída en sus ventas, una proporción similar reconoció resultados económicos negativos y un tercio admitió haber reducido personal.
El estudio fue elaborado por APYME y la Universidad Nacional de José C. Paz (UNPAZ), en articulación con la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC-PBA). Se realizó entre el 2 y el 24 de septiembre, con la participación de 209 empresas, y analizó la evolución de las ventas, la rentabilidad, la capacidad instalada, el empleo y las condiciones de acceso al crédito.
La entidad empresaria describió un escenario de “debilidad persistente”, especialmente entre las unidades productivas de menor tamaño, y vinculó las dificultades con la retracción del mercado interno, el encarecimiento de la energía y los combustibles y la competencia de productos importados.
Más de la mitad de las pymes vende menos y registra pérdidas
Uno de los aspectos más significativos del informe es el deterioro simultáneo de las ventas y los resultados económicos. El 52,2% de las empresas encuestadas aseguró que su situación general empeoró durante el tercer trimestre, mientras que el 51,2% registró una disminución de las ventas.
Además, el 50,2% informó resultados económicos negativos, lo que refleja las dificultades de numerosas firmas para cubrir sus costos de funcionamiento y sostener márgenes de rentabilidad.
Desde APYME atribuyeron este escenario principalmente a la contracción del consumo interno. Para las pequeñas empresas, cuya actividad depende en gran medida de la demanda de los hogares y del mercado nacional, la caída de las compras se traduce en menores ingresos y mayores dificultades para afrontar compromisos corrientes.
La entidad también señaló que los costos operativos continúan representando una presión importante, especialmente cuando los incrementos de tarifas, combustibles y otros insumos no pueden trasladarse completamente a los precios de venta.
De esta manera, numerosas firmas enfrentan una combinación de menor facturación y gastos elevados, que reduce sus posibilidades de sostener la actividad. El relevamiento advierte, además, que las empresas más pequeñas son particularmente vulnerables porque disponen de menor respaldo financiero para atravesar períodos prolongados de ventas bajas.

Alerta por la producción: casi la mitad trabaja a media máquina
La debilidad del mercado interno también se refleja en los niveles de producción. De acuerdo con la encuesta, el 48,8% de las pymes utiliza la mitad de su capacidad instalada o menos, un indicador que muestra el nivel de recursos productivos que permanecen sin aprovechar.
Esto significa que casi cinco de cada diez firmas relevadas trabajan con una parte importante de sus instalaciones, equipos o posibilidades de producción sin utilizar.
El deterioro económico también comenzó a reflejarse en las decisiones laborales. El informe reveló que el 34% de las empresas consultadas redujo su personal durante el tercer trimestre, una proporción que muestra el impacto de la caída de la actividad sobre los puestos de trabajo.
La preocupación se extiende hacia los próximos meses. Según el relevamiento, el 25,8% de las firmas analiza implementar nuevas medidas de ajuste laboral durante el último trimestre del año. Entre las alternativas mencionadas aparecen las suspensiones, la reducción de jornadas, los despidos y la decisión de no renovar contratos.
La combinación de menores ventas y recortes laborales también puede tener efectos sobre el consumo. Una pérdida de puestos de trabajo o una reducción de ingresos limita la capacidad de compra de los hogares, lo que a su vez repercute sobre las empresas que dependen del mercado interno.
Tarifas, combustibles e importaciones: las principales preocupaciones
La presión de los costos aparece entre los problemas más mencionados por las empresas. El 56,9% de las pymes señaló que los gastos fijos tienen un impacto importante sobre su funcionamiento. Dentro de ese grupo de preocupaciones, la energía ocupa un lugar destacado.
Según los resultados, el 63,2% mencionó el costo energético como uno de los principales problemas, mientras que el 42,6% identificó a los combustibles entre los factores que complican la actividad.
A esas dificultades se suma la competencia externa. El 38,3% de las firmas encuestadas manifestó que la apertura de importaciones perjudica su competitividad, en un contexto de mayor ingreso de productos extranjeros.
Desde APYME cuestionan que las empresas locales deban competir con bienes importados mientras afrontan costos internos elevados, dificultades de financiamiento y una demanda doméstica debilitada.
El planteo refleja una de las principales diferencias entre la visión de la entidad y la política económica del Ejecutivo, que promueve una mayor apertura comercial y una reducción de las restricciones a las importaciones como mecanismos para favorecer la competencia.
El Gobierno sostiene que esas medidas pueden contribuir a reducir precios y ampliar las alternativas para los consumidores. Sin embargo, el relevamiento muestra que una parte de las firmas consultadas considera que las actuales condiciones afectan su capacidad para competir.
Sin crédito y con recursos propios: las dificultades para invertir
El financiamiento constituye otro de los principales obstáculos identificados por el estudio. El 73,7% de las empresas relevadas depende exclusivamente de recursos propios para sostener su actividad, mientras que el 46,9% aseguró no haber accedido al crédito durante el último año.
En contraste, apenas el 9,6% consiguió financiamiento en condiciones que consideró favorables. Las tasas de interés elevadas fueron señaladas como una de las principales dificultades por el 52,2% de las firmas.
Para las pequeñas empresas, el acceso al financiamiento resulta fundamental para afrontar necesidades de capital de trabajo, comprar insumos, renovar equipos y sostener las operaciones durante períodos de menor actividad.
Cuando el crédito resulta demasiado costoso o directamente inaccesible, muchas firmas deben financiar su funcionamiento con recursos propios, lo que reduce sus posibilidades de expansión.
Pese a ese escenario, el 43,5% de las empresas informó haber realizado inversiones tecnológicas, aunque la mayoría recurrió a fondos propios para concretarlas. Este dato muestra que una parte del sector continúa buscando herramientas para mejorar sus procesos productivos y su competitividad, pero lo hace en un contexto de restricciones financieras.
Desde APYME advirtieron que la escasa participación de los programas públicos de apoyo y las dificultades para acceder a préstamos limitan las posibilidades de recuperación.

El 43,5% advierte que su empresa podría desaparecer
El dato más preocupante del informe está relacionado con las expectativas de continuidad. Según el relevamiento, el 43,5% de los empresarios consultados considera que su firma enfrenta un riesgo directo de desaparición, una percepción que refleja el nivel de incertidumbre sobre el futuro de los negocios.
El porcentaje adquiere relevancia cuando se lo analiza junto con el resto de los indicadores: más de la mitad de las firmas informó pérdidas económicas o caídas de ventas, casi cinco de cada diez trabajan con baja utilización de capacidad y más de un tercio redujo personal.
La combinación de esos factores explica las dificultades que describen numerosos empresarios para sostener su funcionamiento. La entidad señaló que continuará realizando relevamientos en distintas regiones del país, en colaboración con universidades públicas y centros de investigación, con el objetivo de seguir la evolución de la coyuntura y visibilizar los problemas del sector.

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